Este folleto se basa en un artículo publicado por primera vez en el periódico En lucha, No 57, diciembre del 2000.
Selección y comentarios: David Karvala
Anticapitalismo:teoría y práctica
IntroducciónLas ideas anticapitalistas
Ignacio Ramonet: Nuevo SigloEduardo Galeano: La monarquía universalSubcomandante Marcos: 7 piezas sueltas del rompecabezas mundialNoam Chomsky: Subdesarrollo insostenibleSusan George: Atajar los males en su raízAnticapitalismo: teoría y prácticaLos primeros intelectuales anticapitalistasMarx: El consumismo y las necesidades humanasMarx y Engels: La globalizaciónMarx: La deudaEngels: La ecologíaMariátegui: El internacionalismoGlosarioMás lecturaIntroducción al folleto
Hace diez años, la prensa dio por sentado que el sistema de "libre mercado" funcionaba básicamente bien. La caída del muro de Berlín y de la URSS habían abierto el camino al progreso, bajo el poder benévolo del mercado. De quedar problemas, éstos se irían solucionando con el juego de la oferta y la demanda, y con más liberalización.
Hoy, muchos defensores del sistema siguen intentando vendernos el mismo mito. Pero donde, hace diez años, había aceptación del mercado, incluso entusiasmo por él, ahora hay millones de personas que ven que esta década ha traído más desigualdad, más injusticias, más pobreza.
Desde Chiapas hasta Praga, desde Seattle hasta Barcelona, hay un nuevo movimiento anticapitalista.
Este anticapitalismo se ha visto en la calle, a la vez que se ha visto un desarrollo impresionante de las ideas críticas, de las denuncias al sistema, que promueven y analizan la lucha contra el capitalismo. Ya es habitual que las movilizaciones internacionales vayan acompañadas de contracumbres, donde diferentes pensadores anticapitalistas hablan ante miles de personas, desarrollando las ideas de esta nueva oposición.
¿Cuáles son estas nuevas ideas anticapitalistas? En este folleto, reproducimos unas muestras de algunos de los pensadores más destacados.
Consideramos tanto sus denuncias al sistema, como sus propuestas para cambiarlo.
Finalmente, incluimos extractos de unos escritos marxistas del s.XIX, y principios del s.XX, que demuestran una relevancia y actualidad sorprendentes.
Nota:
N. Chomsky: En el artículo publicado en En lucha, se incluyó un extracto de Pasión por los mercados libres, pero es demasiado largo para incluir entero, así que hemos preferido incluir este trabajo, referente al desarrollo. Se puede consultar el trabajo anterior en http://www.zmag.org/Spanish/0003mark.html.
S. George: por falta de espacio, no se incluyó un extracto extenso en el artículo original, sólo unas citas aisladas. Aquí hemos incluido el texto íntegro de Atajar los males en su raíz, una crítica despiadada de las instituciones financiera internacionales.
Las ideas anticapitalistas
Ignacio Ramonet: Nuevo Siglo
Publicado en Le Monde Diplomatique (edición mexicana), enero 1999
¿Cuáles son, en la víspera de un nuevo siglo, las principales características del planeta? Los Estados Unidos dominan al mundo como ningún otro país lo había hecho en la historia.
Ejercen una supremacía aplastante en las cinco esferas del poder: política, economía, militar, tecnológica y cultural. Acaban de exhibir al Cercano Oriente su hegemonía de tres maneras: al grabar bajo las bombas, sin razones serias, Iraq y sus pueblos, al ignorar (incluso denostar) la legalidad internacional que encarna la Organización de Naciones Unidas; al enrolar como simples fuerzas suplementarias a las orgullosas fuerzas británicas. Pero en esta era nueva, tal escaparate de poder es engañoso. Los Estados Unidos no pueden ocupar militarmente a Iraq, a pesar de que técnicamente no presentaría ninguna dificultad. Ya que la supremacía militar ya no se traduce por conquistas territoriales que políticamente ya no son tolerables, demasiado costosas financieramente y mediáticamente desastrosas. Los medios se han consolidado como un actor estratégico de primer plano. No admitió la secretaria de Estado estadounidense, la señora Madeleine Albright, que "la cadena CNN es la décima sexta miembra del Consejo de seguridad de Naciones unidas?" Otra constancia: el ejercicio de la superpotencia, en la edad del neoliberalismo, no garantiza de ninguna forma a todos los ciudadanos un nivel satisfactorio de desarrollo humano. En Estados Unidos hay 32 millones de personas cuya esperanza de vida es de menos de 60 años, 40 millones sin cobertura médica, 45 millones viviendo por debajo del umbral de la pobreza y 52 millones de iletrados... En el seno de la opulente Unión europea, en el momento del nacimiento del euro, hay 50 millones de pobres y 18 millones de desempleados. A escala mundial, la pobreza es la regla y la holgura la excepción. Las desigualdades se han convertido en una de las características estructurales de nuestro tiempo. Y éstas se agravan, alejando cada vez más a los ricos de los pobres. Las 225 fortunas más grandes del mundo representan un total de más de mil millardos de dólares, es decir el equivalente al ingreso anual del 47 por ciento de los más pobres de la población mundial (de 2,5 mil millones de personas). Actualmente los individuos son más ricos que los Estados: el patrimonio de las 15 personas más afortunadas supera el PIB total del conjunto del Africa subsahara... Desde principios de siglo, el número de Estados no ha dejado de aumentar, pasando de una cuarentena a casi 200. Pero el mundo continua siendo dominado por los mismos siete u ocho Estados que lo dirigían a fines del siglo XIX. Entre las decenas de países nacidos del desmantelamiento de los imperios coloniales, sólo tres (Corea del Sur, Singapur y Taiwan) han alcanzado niveles de desarrollo satisfactorios. Los otros continúan empantanados en un sub desarrollo crónico.
Les será tan difícil salir de éste que las materias primas, de las cuales dependen principalmente su economía, ven como caen sus precios inevitablemente. Numerosos productos de base (metales, fibras, mercancías) están siendo menos utilizados o remplazados por productos de síntesis. Así, en Japón, comparado con 1973, cada unidad de la producción industrial ha disminuido 40 por ciento el consumo de materias primas!
La nueva riqueza de las naciones se basa en la materia gris, el saber, la investigación, la capacidad de innovar y ya no en la producción de materias primas. Incluso se puede afirmar que, en este sentido, que los tres factores tradicionales del poderío —extensión del territorio, importancia demográfica, riqueza de materias primas— han dejado de representar ventajas para convertirse en pesados handicaps en la era posindustrial. Los Estados demasiado extendidos, demasiado poblados y muy ricos en materias primas —India, China, Brasil, Nigeria, Indonesia, Paquistán, México, Rusia— figuran paradójicamente entre los más pobres del planeta. La excepción de Estados Unidos enmascara la norma. El aire del caos generalizada no deja de aumentar, englobando cada vez a más países a ña violencia endémica (desde 1989, fin de la guerra fría, han habido unos 60 conflictos armados que cobraron centenas de millares de muertos y más de 17 millones de refugiados) o países con una economía definitivamente estancada. Hasta el punto en que se ha visto (En Comores o Puerto Rico, por ejemplo) a ciudadanos que reniegan de la lucha por la independencia y reclamar el regreso de la potencia colonial o la absorción por la metrópolis...
El tercer mundo en tanto que entidad política ha dejado de existir. Todo ello refleja la crisis del Estado-nación y de la política en el momento en el que la segunda revolución capitalista, la mundialización de la economía y las mutaciones tecnológicas conmocionan todo y o se multiplican, debido a las fusiones, el número de empresas gigantes cuyo peso supera en ocasiones al de los Estados. Las ganancias de General Motors es superior al PIB de Dinamarca; la de Exxon-Mobil supera al PIB de Austria. Cada una de las 100 principales empresas globales vende más de lo que exporta cada uno de los 120 países más pobres del planeta. Estas firmas controlan el 70 por ciento del comercio mundial... Los dirigentes de esas empresas y los de los grandes grupos financieros y mediáticos ostentan la realidad del poder y, a través de sus poderosos lobbies, ponen todo su peso sobre las decisiones políticas. Ellos confiscan la democracia para su provecho. Más necesarios. Más necesario que nunca, los contra-poderes tradicionales (partidos, sindicatos, prensa libre) son poco operativos. Y los ciudadanos se preguntan qué iniciativas audaces restablecerán, para el nuevo siglo, el control social contra el contrato privado.
Eduardo Galeano: La monarquía universal
Disponible en
http://civitatis.com/%20internet/veaylea/galeano/08-13-00monarquia.htmYa se desmoronó la cortina de hierro, como si fuera de puré, y las dictaduras militares son una pesadilla que muchos países han dejado atrás. ¿Vivimos, pues, en un mundo democrático? ¿Inaugura este siglo XXI la era de la democracia sin fronteras? ¿Un luminoso panorama, con algunas pocas nubes negras que confirman la claridad del cielo?
Los discursos prestan poca atención a los diccionarios. Según los diccionarios de todas las lenguas, la palabra democracia significa "gobierno del pueblo". Y la realidad del mundo de nuestro tiempo se parece, más bien, a una poderocracia: una poderocracia globalizada.
Día tras día, en cada país se van recortando más y más los angostos márgenes de maniobra de los políticos locales, que por regla general prometen lo que no harán y que muy rara vez tienen la honestidad y el coraje de anunciar lo que harán. Se llama realismo al ejercicio del gobierno como deber de obediencia: el pueblo asiste a las decisiones que toman, en su nombre, los gobiernos gobernados por las instituciones que nos gobiernan a todos, en escala universal, sin necesidad de elecciones.
La democracia es un error estadístico, solía decir don Jorge Luis Borges, porque en la democracia decide la mayoría y la mayoría está formada por imbéciles. Para evitar ese error, el mundo de hoy otorga el poder de decisión a los poquitos, muy poquitos, que lo han comprado.
El FMI y el Banco Mundial
En la época del esplendor democrático de Atenas, una persona de cada diez tenía derechos ciudadanos. Las otras nueve, nada. Veinticinco siglos después, es evidente que a los griegos se les iba la mano con la generosidad.
Ciento ochenta y dos países integran el Fondo Monetario Internacional. De ellos, 177 ni pinchan ni cortan. El Fondo Monetario, que dicta órdenes al mundo entero y en todas partes decide el destino humano y la frecuencia de vuelo de las moscas y la altura de las olas, está en manos de los cinco países que tienen el cuarenta por ciento de los votos: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Los votos dependen de los aportes de capital: el que más tiene, más puede. Veintitrés países africanos suman, entre todos, el 1 por ciento; los Estados Unidos disponen del 17 por ciento. La igualdad de derechos, traducida a los hechos.
El Banco Mundial, hermano gemelo del FMI, es más democrático. No son cinco los que deciden, sino siete. Ciento ochenta países integran el Banco Mundial. De ellos, 173 aceptan lo que mandan los siete países dueños del 45 por ciento de las acciones del Banco: Estados Unidos, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá. Los Estados Unidos tienen, además, poder de veto.
Las Naciones Unidas
El poder de veto significa, en buen romance, todo el poder. La Organización de las Naciones Unidas es algo así como la gran familia que nos reúne a todos. En la ONU, los Estados Unidos comparten el poder de veto con Gran Bretaña, Francia, Rusia y China: los cinco mayores fabricantes de armas, que a Dios gracias velan por la paz mundial. Estas son las cinco potencias que toman las decisiones, cuando las papas queman, en la más alta institución internacional. Los demás países tienen la posibilidad de formular recomendaciones, que eso no se le niega a nadie.
La Organización Mundial del Comercio
Hay derechos que se otorgan para no ser usados. En la Organización Mundial del Comercio, todos los países pueden votar en igualdad decondiciones; pero jamás se vota. "El voto por mayoría es posible, pero no ha sido nunca utilizado en la OMC y era muy raro en el GATT, el organismo que la precedió", informa su página oficial en Internet. Las resoluciones de la Organización Mundial del Comercio se toman por consenso y a puertas cerradas, que si no recuerdo mal era el sistema utilizado por las cúpulas del poder estalinista, para evitar el escándalo de la disidencia, antes de la victoria de la democracia en el mundo.
Así, la OMC ejecuta en secreto, impunemente, el sacrificio de centenares de millones de pequeños agricultores de todo el planeta, en los altares de la libertad de comercio. No tan en secreto ni tan impunemente, sin embargo: hasta hace poco, nadie sabía muy bien qué era eso de la OMC, pero las cosas han cambiado desde que cincuenta mil desobedientes tomaron las calles de la ciudad de Seattle, a fines del año pasado, y desnudaron ante la opinión pública a uno de los reyes de la monarquía universal.
Los manifestantes de Seattle fueron llamados forajidos, locos, despistados, prehistóricos y enemigos del progreso por los grandes medios de comunicación. Por algo será.
Subcomandante Marcos:7 piezas sueltas del rompecabezas mundial
Disponible en la página web del EZLN:
http://www.ezln.org/documentos/1997/199708xx.es.htm"La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte, el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación. Es indispensable estudiarla a fondo".
El Arte de la Guerra. Sun Tzu
La globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios.
El fin de la III Guerra Mundial o "Guerra Fría" no significa que el mundo haya superado la bipolaridad y se encuentre estable bajo la hegemonía del triunfador. Al terminar esta guerra hubo, sin lugar a dudas, un vencido (el campo socialista), pero es difícil decir quién fue el vencedor. ¿Europa Occidental? ¿Estados Unidos? ¿Japón? ¿Todos ellos? El caso es que la derrota del "imperio del mal" (Reagan y Thatcher dixit) significó la apertura de nuevos mercados sin nuevo dueño. Correspondía, por tanto, luchar para tomar posesión de ellos, conquistarlos.
No sólo eso, el fin de la "Guerra Fría" trajo consigo un nuevo marco de relaciones internacionales en el que la lucha nueva por esos nuevos mercados y territorios produjo una nueva guerra mundial, la IV. Esto obligó, como en todas las guerras, a una redefinición de los Estados Nacionales. Y más allá de la redefinición de los Estados Nacionales, el orden mundial volvió a las viejas épocas de las conquistas de América, Africa y Oceanía. Extraña modernidad esta que avanza hacia atrás, el atardecer del siglo XX tiene más semejanzas con sus brutales centurias antecesoras que con el plácido y racional futuro de algunas novelas de ciencia-ficción. En el mundo de la Posguerra Fría vastos territorios, riquezas y, sobre todo, fuerza de trabajo calificada, esperaban un nuevo amo...
Pero uno es el puesto de dueño del mundo, y varios son los aspirantes a serlo. Y para lograrlo se desata otra guerra, pero ahora entre aquellos que se autodenominaron el "imperio del bien".
Si la III Guerra Mundial fue entre el capitalismo y el socialismo (liderados por los Estados Unidos y la URSS respectivamente), con escenarios alternos y diferentes grados de intensidad; la IV Guerra Mundial se realiza ahora entre los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una intensidad aguda y constante.
Desde el fin de la II Guerra Mundial hasta 1992, se han librado 149 guerras en todo el mundo. El resultado, 23 millones de muertos, no deja dudas de la intensidad de esta III Guerra Mundial. (datos de UNICEF).
Desde las catacumbas del espionaje internacional hasta el espacio sideral de lallamada Iniciativa de Defensa Estratégica (la "Guerra de las Galaxias" del cowboy Ronald Reagan); desde las arenas de Playa Girón, en Cuba, hasta el Delta del Mekong, en Vietnam; desde la desenfrenada carrera armamentista nuclear hasta los salvajes golpes de Estado en la dolorosa América Latina; desde las ominosas maniobras de los ejércitos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hasta los agentes de la CIA en la Bolivia del asesinato del Che Guevara; la mal llamada "Guerra Fría" alcanzó altas temperaturas que, a pesar del continuo cambio de escenario y el incesante sube-y-baja de la crisis nuclear (o precisamente por esto), acabaron por fundir al campo socialista como sistema mundial, y lo diluyeron como alternativa social.
La III Guerra Mundial mostró las bondades de la "guerra total" (en todas partes y en todas las formas) para el triunfador: el capitalismo. Pero el escenario de posguerra quedó perfilado, de hecho, como un nuevo teatro de operaciones mundial: grandes extensiones de "tierra de nadie" (por el desfonde político, económico y social de Europa del Este y de la URSS), potencias en expansión (Estados Unidos, Europa Occidental y el Japón), crisis económica mundial, y una nueva revolución tecnológica: la informática. "De la misma forma que la revolución industrial había permitido el remplazo del músculo por la máquina, la actual revolución informática apunta al remplazo del cerebro (al menos de un número cada vez más importante de sus funciones) por la computadora. Esta "cerebralización general" de los medios de producción (lo mismo en la industria que en los servicios) es acelerada por la explosión de nuevas investigaciones en las telecomunicaciones y por la proliferación de los cybermundos." (Ignacio Ramonet. "La planété des désordres" en Géopolitique du Chaos. Maniére de Voir 3. Le Monde Diplomatique (LMD). Abril de 1997.)
El rey supremo del capital, el financiero, empezó entonces a desarrollar su estrategia guerrera sobre el nuevo mundo y sobre lo que quedaba en pie del viejo. De la mano de la revolución tecnológica que ponía al mundo entero, por medio de una computadora, en sus escritorios y a su arbitrio, los mercados financieros impusieron sus leyes y preceptos a todo el planeta. La "mundialización" de la nueva guerra no es más que la mundialización de las lógicas de los mercados financieros. De rectores de la economía, los Estados Nacionales (y sus gobernantes) pasaron a ser regidos, más bien teledirigidos, por el fundamento del poder financiero: el libre cambio comercial. Y no sólo eso, la lógica del mercado aprovechó la "porosidad" que, en todo el espectro social del mundo, provocó el desarrollo de las telecomunicaciones, y penetró y se apropió todos los aspectos de la actividad social. ¡Por fin una guerra mundial totalmente total!
Una de las primeras bajas de esta nueva guerra es el mercado nacional. Como una bala disparada dentro de un cuarto blindado, la guerra iniciada por el neoliberalismo rebota de uno a otro lado y hiere a quien la disparó. Una de las bases fundamentales del poder del Estado capitalista moderno, el mercado nacional, esliquidado por el cañonazo de la nueva era de la economía financiera global. El capitalismo internacional cobra algunas de sus víctimas caducando los capitalismos nacionales y adelgazando, hasta la inanición, los poderes públicos. El golpe ha sido tan brutal y definitivo que los Estados nacionales no disponen de la fuerza necesaria para oponerse a la acción de los mercados internacionales que transgrede los intereses de ciudadanos y gobiernos.
El cuidado y ordenado escaparate que se suponía heredaba el fin de la "Guerra Fría", el "nuevo orden mundial", pronto se ve hecho añicos por la explosión neoliberal. El capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional. Empresas y Estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de las revoluciones proletarias, sino por los embates de los huracanes financieros. El hijo (el neoliberalismo) devora al padre (el capitalismo nacional), y de paso destruye todas las falacias discursivas de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad.
En el escenario mundial producto del fin de la "Guerra Fría" sólo se percibe un nuevo campo de batalla y en éste, como en todo campo de batalla, reina el caos.
A finales de la "Guerra Fría", el capitalismo crea un nuevo horror bélico: la bomba de neutrones. La "virtud" de esta arma es que sólo destruye la vida y respeta las construcciones. Ya se podían destruir ciudades enteras (es decir, sus habitantes) sin que fuera necesario reconstruirlas (y pagar por ello). La industria armamentista se felicitó a sí misma, la "irracionalidad" de las bombas nucleares era suplantada por la nueva "racionalidad" de la bomba de neutrones. Pero una nueva "maravilla" bélica será descubierta a la par del nacimiento de la IV Guerra Mundial: la bomba financiera.
Porque la nueva bomba neoliberal, a diferencia de su antecesora atómica en Hiroshima y Nagasaki, no sólo destruye la polis (la Nación en este caso) e impone la muerte, el terror y la miseria a quienes la habitan; o, a diferencia de la bomba de neutrones, no sólo destruye "selectivamente". La neoliberal, además, reorganiza y reordena lo que ataca y lo rehace como una pieza dentro del rompecabezas de la globalización económica. Después de su efecto destructor, el resultado no es un montón de ruinas humeantes, o decenas de miles de vidas inertes, sino una barriada que se suma a alguna de las megápolis comerciales del nuevo hipermercado mundial y una fuerza de trabajo reacomodada en el nuevo mercado de trabajo mundial.
La Unión Europea, una de las megápolis producto del neoliberalismo, es un resultado de la presente IV Guerra Mundial. Aquí, la globalización económica logró borrar las fronteras entre Estados rivales, enemigos entre sí desde hace mucho tiempo, y los obligó a converger y plantearse la unión política. De los Estados Nacionales a la federación europea, el camino economicista de la guerra neoliberal en el llamado "viejo continente" estará lleno de destrucción y de ruinas, una de ellas será la civilización europea.
Las megápolis se reproducen en todo el planeta. Las zonas comerciales integradas son el terreno donde se erigen. Así ocurre en América del Norte, donde el Tratado de Libre Comercio para América del Norte ("NAFTA" por sus siglas en inglés) entre Canadá, los Estados Unidos y México no es más que el preludio del cumplimiento de una vieja aspiración de conquista estadounidense: "América para los americanos". En América del Sur se camina en igual sentido con el Mercosur entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En Africa del Norte, con la Unión del Maghreb árabe (UMA) entre Marruecos, Algeria, Tunez, Libia y Mauritania; en Africa del Sur, en el Cercano Oriente, en el Mar Negro, en Asia Pacífico, etc., en todo el planeta explotan las bombas financieras y se reconquistan territorios.
¿Las megápolis sustituyen a las naciones? No, o no sólo. También las incluyen y les reasignan funciones, límites y posibilidades. Países enteros se convierten en departamentos de la megaempresa neoliberal. El neoliberalismo opera así la destrucción/despoblamiento por un lado, y la reconstrucción/reordenamiento por el otro, de regiones y de naciones para abrir nuevos mercados y modernizar los existentes.
Si las bombas nucleares tenían un carácter disuasivo, intimidatorio y coercitivo en la III Guerra Mundial, en la IV conflagración mundial no ocurre lo mismo con las hiperbombas financieras. Estas armas sirven para atacar territorios (Estados Nacionales) destruyendo las bases materiales de su soberanía nacional (obstáculo ético, jurídico, político, cultural e histórico contra la globalización económica) y produciendo un despoblamiento cualitativo en sus territorios. Este despoblamiento consiste en prescindir de todos aquellos que son inútiles para la nueva economía de mercado (por ejemplo los indígenas).
Pero, además, los centros financieros operan, simultáneamente, una reconstrucción de los Estados Nacionales y los reordenan según la nueva lógica del mercado mundial (los modelos económicos desarrollados se imponen sobre relaciones sociales débiles o inexistentes).
La IV Guerra Mundial en el terreno rural, por ejemplo, presenta este efecto. La modernización rural, que exigen los mercados financieros, trata de incrementar la productividad agrícola, pero lo que consigue es destruir las relaciones sociales y económicas tradicionales. Resultado: éxodo masivo del campo a las ciudades. Sí, como en una guerra. Mientras tanto, en las zonas urbanas se satura el mercado de trabajo y la distribución desigual del ingreso es la "justicia" que espera a quienes buscan mejores condiciones de vida.
De ejemplos que ilustran esta estrategia está lleno el mundo indígena: Ian Chambers, director de la Oficina para Centroamérica de la OIT (de las Naciones Unidas), declaró que la población indígena mundial, calculada en 300 millones, vive en zonas que tienen el 60% de los recursos naturales del planeta. Así que "no sorprenden los múltiples conflictos por el uso y destino de sus tierras alrededor de los intereses de gobiernos y empresas. (...) La explotación de recursos naturales (petróleo y minería) y el turismo son las principales industrias que amenazan los territorios indígenas en América" (entrevista de Martha García en La Jornada. 28 de mayo de 1997). Detrás de los proyectos de inversión vienen la polución, la prostitución y las drogas. Es decir, se complementan destrucción/despoblamiento y reconstrucción/reordenamiento de la zona.
En esta nueva guerra mundial, la política moderna como organizadora del Estado Nacional no existe más. Ahora la política es sólo un organizador económico y los políticos son modernos administradores de empresas. Los nuevos dueños del mundo no son gobierno, no necesitan serlo. Los gobiernos "nacionales" se encargan de administrar los negocios en las diferentes regiones del mundo.
Este es el "nuevo orden mundial", la unificación del mundo entero en un solo mercado. Las naciones son tiendas de departamentos con gerentes a manera de gobiernos, y las nuevas alianzas regionales, económicas y políticas, se acercan más al modelo de un moderno "mall" comercial que a una federación política. La "unificación" que produce el neoliberalismo es económica, es la unificación de mercados para facilitar la circulación de dinero y mercancías. En el gigantesco hipermercado mundial circulan libremente las mercancías, no las personas.
Como toda iniciativa empresarial (y de guerra), esta globalización económica va acompañada de un modelo general de pensamiento. Sin embargo, entre tantas cosas nuevas, el modelo ideológico que acompaña al neoliberalismo en su conquista del planeta tiene mucho de viejo y mohoso. El "american way of life" que acompañó a las tropas norteamericanas en la Europa de la II Guerra Mundial, en el Vietnam de los 60´s, y, más recientemente, en la Guerra del Golfo Pérsico, ahora va de la mano (o más bien de las computadoras) de los mercados financieros.
No se trata sólo de una destrucción material de las bases materiales de los Estados Nacionales, también (y de manera tan importante como poco estudiada) se trata de una destrucción histórica y cultural. El digno pasado indígena de los países del continente americano, la brillante civilización europea, la sabia historia de las naciones asiáticas, y la poderosa y rica antigüedad del África y Oceanía, todas las culturas y las historias que forjaron naciones son atacadas por el modo de vida norteamericano. El neoliberalismo impone así una guerra total: la destrucción de naciones y grupos de naciones para homologarlas con el modelo capitalista norteamericano.
Una guerra pues, una guerra mundial, la IV. La peor y más cruel. La que el neoliberalismo libra en todas partes y por todos los medios en contra de la humanidad.
Pero, como en toda guerra, hay combates, hay vencedores y vencidos, y hay pedazos rotos de esa realidad destruida. Para intentar armar el absurdo rompecabezas del mundo neoliberal hacen falta muchas piezas. Algunas se pueden encontrar entre las ruinas que esta guerra mundial ha dejado ya sobre la superficie planetaria. Cuando menos 7 de esas piezas pueden reconstruirse y alentar la esperanza de que este conflicto mundial no termine con el rival más débil: la humanidad.
7 piezas para dibujar, colorear, recortar, y para tratar de armar, junto a otras, el rompecabezas mundial.
La una es la doble acumulación, de riqueza y de pobreza, en los dos polos de la sociedad mundial. La otra es la explotación total de la totalidad del mundo. La tercera es la pesadilla de una parte errante de la humanidad. La cuarta es la nauseabunda relación entre crimen y Poder. La quinta es la violencia del Estado. La sexta es el misterio de la megapolítica. La séptima es la multiforme bolsa de resistencia de la humanidad contra el neoliberalismo.
Pieza 1: La concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza
En la historia de la humanidad, distintos modelos sociales se han disputado el enarbolar el absurdo como distintivo de orden mundial. Seguramente el neoliberalismo tendrá un lugar privilegiado a la hora de los premios, porque su "reparto" de la riqueza social no hace más que distribuir un doble absurdo de acumulación: la acumulación de riquezas en manos de unos cuantos, y la acumulación de pobreza en millones de seres humanos.
En el mundo actual, la injusticia y la desigualdad son los signos distintivos. El planeta Tierra, tercero del sistema planetario solar, tiene 5 mil millones de seres humanos. En él, sólo 500 millones de personas viven con comodidades mientras 4 mil 500 millones padecen pobreza y tratan de sobrevivir.
Un doble absurdo es el balance entre ricos y pobres: los ricos son pocos y los pobres son muchos. La diferencia cuantitativa es criminal, pero el balance entre los extremos se consigue con la riqueza: los ricos suplen su minoría numérica con miles de millones de dólares.
La fortuna de las 358 personas más ricas del mundo (miles de millones de dólares) es superior al ingreso anual del 45% de los habitantes más pobres, algo así como 2 mil 600 millones de personas.
Las leontinas de oro de los relojes financieros se convierten en una pesada cadena para millones de seres. Mientras que la "... cifra de negocios de la General Motors es más elevada que el Producto Nacional Bruto (PNB) de Dinamarca, la de la Ford es más importante que el PNB de Africa del Sur, y la de la Toyota sobrepasa al PNB de Noruega." (Ignacio Ramonet, en LMD I/1997 #15), para todos los trabajadores los salarios reales han caído, además de que deben sortear los cortes de personal en las empresas, el cierre de fábricas y la reubicación de sus centros laborales. En las llamadas "economías capitalistas avanzadas" el número de desempleados llega ya a los 41 millones de trabajadores.
En forma paulatina, la concentración de la riqueza en pocas manos y la distribución de la pobreza en muchas, va delineando el signo de la sociedad mundial moderna: el frágil equilibrio de absurdas desigualdades.
La decadencia del sistema económico neoliberal es un escándalo: "La deuda mundial (comprendiendo las de las empresas, los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado los 33,100 miles de millones de dólares, es decir, 130% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por año, más de 4 veces el crecimiento del PIB mundial" (Frédéric F. Clairmont. "Ces deux cents sociétés qui controlent le monde", en LMD. IV/1997).
El progreso de las grandes transnacionales no implica el avance de las Naciones desarrolladas. Al contrario, mientras más ganan los gigantes financieros, más se agudiza la pobreza en los llamados "países ricos".
La diferencia a eliminar entre ricos y pobres es brutal y no parece haber ninguna tendencia por ese rumbo, antes al contrario. Lejos de atenuarse, ya no digamos de eliminarse, la desigualdad social se acentúa, sobre todo en las naciones capitalistas desarrolladas: En los Estados Unidos, el 1% de los norteamericanos más ricos ha obtenido el 61,6% del conjunto de la riqueza nacional del país entre 1983 y 1989. El 80% de los norteamericanos más pobres no se han repartido más que el 1,2%. En la Gran Bretaña el número de los sin techo se ha duplicado; el número de niños que viven sólo de la ayuda social ha pasado del 7% en 1979 al 26% en 1994; el número de británicos que vive en la pobreza (definida como menos de la mitad del salario mínimo) ha pasado de 5 millones a 13,700,000; el 10% de los más pobres han perdido el 13 % de su poder adquisitivo, mientras que l0% de los más ricos han ganado el 65% y desde hace cinco años se ha doblado el número de millonarios (datos de LMD. IV/97).
A inicios de la década de los 90´s "... unas 37,000 firmas transnacionales encerraban, con sus 170,000 filiales, la economía internacional en sus tentáculos. Sin embargo, el centro del poder se sitúa en el círculo más restringido de las 200 primeras: desde los inicios de los años 80, ellas han tenido una expansión ininterrumpida por vía de las fusiones y las compras "de rescate" de empresas. De este modo, la parte del capital transnacional en el PIB mundial ha pasado de 17% a mitad de los años 60 a 24% en 1982 y a más del 30% en 1995. Las 200 primeras son conglomerados cuyas actividades planetarias cubren sin distinción los sectores primario, secundario y terciario: grandes explotaciones agrícolas, producción manufacturera, servicios financieros, comercio, etc. Geográficamente ellas se reparten entre 10 países: Japón (62), Estados Unidos (53), Alemania (23), Francia (19), Reino Unido (11), Suiza (8), Corea del Sur (6), Italia (5) y Países Bajos (4)". (Frédéric F. Clairmont. Op.Cit.).
Los "Doscientos Primeros" del Mundo
País
Número de Empresas
Negocios
Ganancias (MMD)
% de Negocios Mundiales
% Ganancias Mundiales
Japón
62
3.196
46
40,7%
18,3%
EU
53
1.198
98
25,4%
39,2%
Alemania
23
786
24,5
10,0%
9,8%
Francia
19
572
16
7,3%
6,3%
Reino Unido
11
275
20
3,5%
8,0%
Suiza
8
244
9,7
3,1%
3,9%
Corea Sur
6
183
3,5
2,3%
1,4%
Italia
5
171
6
2,2%
2,5%
Reino Unido/Países Bajos
2
159
9
2,0%
3,7%
Países Bajos
4
118
5
1,5%
2,0%
Venezuela
1
26
3
0,3%
1,2%
Suecia
1
24
1,3
0,3%
0,5%
Bélgica/Países Bajos
1
22
0,8
0,3%
0,3%
México
1
22
1,5
0,3%
0,6%
China
1
19
0,8
0,2%
0,3%
Brasil
1
18
4,3
0,2%
1,7%
Canadá
1
17
0,5
0,2%
0,2%
Totales
200
7.850
251
100%
100%
PIB Mundial
25.223
31,20%
(Frédéric F. Clairmont. Op.Cit.).../
Pieza 2: La globalización de la explotación
Una de las falacias neoliberales consiste en decir que el crecimiento económico de las empresas trae aparejados un mejor reparto de la riqueza y un crecimiento del empleo. Pero no es así. De la misma forma en que el crecimiento del poder político de un rey no trae como consecuencia un crecimiento del poder político de los súbditos (antes al contrario), el absolutismo del capital financiero no mejora la distribución de la riqueza ni provoca mayor trabajo para la sociedad. Pobreza, desempleo y precariedad del trabajo son sus consecuencias estructurales.
En los años de las décadas de 1960 y 1970, la población considerada pobre (con menos de un dólar diario de ingreso para resolver sus necesidades elementales, según el Banco Mundial) era de unos 200 millones de personas. Para el inicio de la década de los 90´s sumaba ya 2,000 millones de seres humanos. Además, el "...montante de las 200 empresas más importantes del planeta representa más de un cuarto de la actividad económica mundial; y sin embargo, esas 200 firmas emplean sólo a 18,8 millones de asalariados, o sea, menos del 0,75 % de la mano de obra del planeta" (Ignacio Ramonet en LMD. Enero 1997 #15).
Más seres humanos pobres y más empobrecidos, menos personas ricas y más enriquecidas, éstas son las lecciones del trazo de la pieza 1 del rompecabezas neoliberal. Para lograr este absurdo, el sistema capitalista mundial "moderniza" la producción, la circulación y el consumo de las mercancías. La nueva revolución tecnológica (la informática) y la nueva revolución política (las megápolis emergentes sobre las ruinas de los Estados Nacionales) producen una nueva "revolución" social. Esta "revolución" social no consiste más que en un reacomodo, unreordenamiento de las fuerzas sociales, principalmente de la fuerza de trabajo.
La Población Económicamente Activa (PEA) mundial pasó de 1,376 millones en 1960, a 2,374 millones de trabajadores en 1990. Más seres humanos con capacidad de trabajo, es decir, de generar riquezas.
Pero el "nuevo orden mundial" no sólo acomoda a esta nueva fuerza de trabajo en espacios geográficos y productivos, además, reordena su lugar (o su no-lugar, como en el caso de desempleados y subempleados) en el plan globalizador de la economía.
La Población Mundial Empleada por Actividad (PMEA) se modificó sustancialmente en los últimos 20 años. La PMEA en el sector agrícola y pesquero pasó del 22% en 1970, al 12% en 1990; en la manufactura del 25% en 1970, al 22% en 1990; mientras que en el sector terciario (comercio, transporte, banca y servicios) creció del 42% en 1970, al 56% en 1990. En el caso de los países subdesarrollados, el sector terciario creció del 40% en 1970, a 57% en 1990; mientras que su población empleada en el sector agrícola y pesquero cayó del 30% en 1970, al 15% en 1990. (Datos de Mercado Mundial de Fuerza de Trabajo en el Capitalismo Contemporáneo. Ochoa Chi, Juanita del Pilar. UNAM. Economía. México, 1997).
Esto significa que cada vez más trabajadores son canalizados hacia las actividades necesarias para incrementar la productividad o para acelerarla realización de mercancías. El sistema neoliberal opera así como un megapatrón, concibiendo al mercado mundial como una empresa unitaria, administrada con criterios "modernizadores".
Pero la "modernidad" neoliberal parece más cercana al bestial nacimiento del capitalismo como sistema mundial, que a la "racionalidad" utópica. La "moderna" producción capitalista sigue basada en el trabajo de niños, mujeres y trabajadores inmigrantes. De los 1,148 millones de niños en el mundo, por lo menos 100 millones viven literalmente en la calle y 200 millones trabajan, y se prevé que serán 400 millones para el año 2000. Se dice, además, que 146 millones de niños asiáticos laboran en la producción de autopartes, juguetería, ropa, comida, herrería y química. Pero esta explotación del trabajo infantil no sólo se da en los países subdesarrollados, 40% de los niños ingleses y 20% de los niños franceses trabajan para completar el gasto familiar o para sobrevivir. También en la "industria" del placer hay lugar para los infantes. La ONU calcula que, cada año, un millón de niños entra al comercio sexual (datos en Ochoa Chi, J. Op.Cit.).
La bestia neoliberal invade el todo social mundial homogeneizando hasta las pautas de alimentación. "En términos globales si bien observamos que hay particularidades en el consumo alimenticio de cada región, (y a su interior), no por ello deja de ser evidente el proceso de homogeneización que se está imponiendo, incluso sobre las diferencias fisiológico - culturales de las diversas zonas." (Mercado mundial de medios de subsistencia. 1960-1990. Ocampo Figueroa, Nashelly, y Flores Mondragón, Gonzalo. UNAM. Economía. 1994.)
Esta bestia le impone a la humanidad una pesada carga. El desempleo y la precariedad de millones de trabajadores en todo el mundo es una aguda realidad que no tiene visos ni siquiera de atenuarse. El desempleo en los países de la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE) pasó del 3,8% en 1966, al 6,3% en 1990. Tan sólo en Europa pasó del 2,2% en 1966, al 6,4% en 1990.
La imposición de las leyes del mercado en todo el mundo, el mercado globalizado, no ha hecho sino destruir las pequeñas y medianas empresas. Al desaparecer los mercados locales y regionales, los pequeños y medianos productores se ven a sí mismos sin protecciones y sin posibilidad alguna de competir contra los gigantes transnacionales.
Resultado: quiebre masivo de empresas. Consecuencia: millones de trabajadores al desempleo.
El absurdo neoliberal reiterado: el crecimiento de la producción no genera empleo, al contrario, lo destruye. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) nombra a esta etapa como "crecimiento sin empleo".
Pero la pesadilla no termina ahí. Además de la amenaza del desempleo, los trabajadores deben enfrentar condiciones precarias de ocupación. Mayor inestabilidad del empleo, prolongación de las jornadas de trabajo y desventaja salarial, son consecuencias de la globalización en general y de la "terciarización" de la economía (el crecimiento del sector "servicios") en particular. "En los países dominados, la mano de obra sufre una precariedad multiforme: extremada movilidad, empleos sin contrato, salarios irregulares y generalmente inferiores al mínimo vital y regímenes de jubilación héticos, actividades independientes no declaradas, con ingresos aleatorios, es decir, servidumbre o realización de un trabajo forzoso por parte de sectores, supuestamente protegidos, como los niños" (Alain Morice. "Los trabajadores extranjeros, avanzadilla de la precariedad". LMD. Enero 97).
Las consecuencias de todo esto se traducen en un verdadero desfonde social globalizado. El reordenamiento de los procesos de producción y circulación de mercancías y el reacomodo de las fuerzas productivas, producen un excedente peculiar: seres humanos que sobran, que no son necesarios para el "nuevo orden mundial", que no producen, que no consumen, que no son sujetos de crédito, en suma, que son desechables.
Cada día, los grandes centros financieros imponen sus leyes a naciones y a grupos de naciones en todo el mundo. Reordenan y reacomodan a sus habitantes. Y, al terminar la operación, se encuentran con que "sobran" personas. "Se dispara, por tanto, el volumen de población excedente, que no sólo está sometida al azote de la pobreza más aguda, sino que no cuenta para nada, que está desestructurada y atomizada, y cuya única finalidad es deambular por las calles sin rumbo fijo, sin vivienda ni trabajo, sin familia ni relaciones sociales -al menos mínimamente estables -, con la única compañía de sus cartones o bolsas de plástico" (Fernández Durán, Ramón. Contra la Europa del capital y la globalización económica, Talasa.Madrid, 1996).
La globalización económica "... hizo necesaria una disminución de los salarios reales a nivel internacional, que junto con la disminución del gasto social (salud, educación, vivienda y alimentación) y una política antisindical, vinieron a constituir la parte fundamental de las nuevas políticas neoliberales de reactivación capitalista" (Ocampo F. y Flores M. Op. Cit.).
Noam Chomsky: Subdesarrollo insostenible
Traducido por Guillermo Calderón y revisado por Darío Protti, agosto de 2000. Disponible en Znet: http://www.zmag.org
En una conversación reciente se le preguntó a Chomsky "¿Cuáles son los motivos de la presión de EEUU en favor de un desarrollo sostenible en el mundo en desarrollo?". Esta fue su respuesta...
Es la primera vez que escucho eso —¿Favorece EEUU el desarrollo sostenible?—En tanto yo sé, EEUU favorece un subdesarrollo insostenible. Los programas incluidos en la política de EEUU, échese una mirada a las reglas de la Organización Mundial del Comercio, como digamos las TRIPs y las TRIMs _Propiedad Intelectual Relacionada al Comercio y Medidas de Inversión Relacionadas al Comercio [por sus siglas en inglés] están diseñadas para impedir el desarrollo e impedir el crecimiento. Es así que los derechos de propiedad intelectual no son más que una protección del control y los precios monopólicos, que garantiza que las corporaciones, de hecho, en estos momentos, megacorporaciones, tengan derecho a cobrar precios monopólicos, asegurando, digamos, que las drogas de producción farmacéutica sean cotizadas con precios inalcanzables para la mayor parte del mundo, incluso aquí [en Estados Unidos]. Por ejemplo, las drogas en EEUU son mucho más caras que las mismas drogas tan cerca como en Canadá, y aun más caras que, digamos, en Europa y esto en el Tercer Mundo condena a millones de personas a muerte.
Otros países pueden producir drogas. Y bajo los primeros regímenes de patentes, se tenían patentes de proceso. Ni siquiera sé si esas son legítimas, pero las patentes de proceso significaban que si alguna compañía farmacéutica encontraba una manera de producir una droga, alguien más listo podría encontrar una mejor manera para producirla, pues lo único patentado era el proceso. Así, si la industria farmacéutica brasileña hallaba una manera de hacerla más barata y mejor, bien, podían hacerla. No violaría ninguna patente. El régimen de la Organización Mundial del Comercio insiste en cambio en patentes de producto, y así no se puede encontrar unproceso más inteligente. Nótese que esto impide el crecimiento, y el desarrollo, y que eso es lo que pretende. Pretende detener la innovación, el crecimiento y el desarrollo y conservar ganancias extremadamente altas.
Bueno, las corporaciones farmacéuticas y otras argumentan que necesitan esto para poder recuperar los costos de la investigación y el desarrollo. Pero miremos más de cerca. Una parte muy substancial de la investigación y el desarrollo la paga el público de todas maneras. En sentido estricto, está en el orden de un 40-50%. Pero ese es un subestimado, porque no toma en cuenta la biología básica y la ciencia básica, las cuales están financiadas totalmente de manera pública. Entonces si se obtiene una cantidad realista, es un porcentaje muy alto el pagado públicamente de cualquier modo. Bueno, supongamos que llegara al 100%. Entonces toda motivación para los precios monopólicos desaparecería, y esto implicaría un enorme beneficio social. No hay ningún motivo económico justificable para no hacer esto. Hay un motivo económico, el lucro, pero es un esfuerzo por impedir el crecimiento y el desarrollo.
Pero, ¿qué hay de las Medidas de Inversión Relacionadas al Comercio? ¿Qué hacen? Las TRIPs son proteccionismo directo para el beneficio de los ricos y poderosos, a través de corporaciones subsidiadas públicamente. Las TRIMs son un poco más sutiles. Lo que buscan es que un país no pueda imponer condiciones a lo que un inversionista decida hacer. Supongamos que, digamos, la General Motors, decide llevar a cabo subcontratación en el extranjero, mandar a hacer piezas en otro país con mano de obra barata, sin sindicatos, y luego enviarlas de regreso a General Motors. Bueno, los países en vías de desarrollo exitosos de Asia, una de las maneras en que se desarrollaron fue bloqueando ese tipo de cosas, insistiendo en que si iba a haber inversión extranjera, tenía que hacerse de manera tal que fuera productiva para el país que la recibiera. Tendría que haber transferencia de tecnología, o tendría que invertirse en los lugares en que ellos quisieran, o alguna proporción de la inversión tendría que ser para la exportación de mercancías terminadas que produjeran dinero. Montones de mecanismos como esos. Eso es parte de la forma mediante la cual tuvo lugar el milagro económico de Asia Oriental. Incidentalmente, esa es la forma en que todos los otros países en desarrollo consiguieron desarrollarse también, incluyendo a Estados Unidos, con transferencia tecnológica desde Inglaterra. Esas aproximaciones son bloqueadas por las Medidas de Inversión Relacionadas al Comercio. Superficialmente suenan como si estuvieran aumentando el libre comercio, pero lo que hacen de hecho es aumentar la capacidad de las grandes corporaciones para llevar a cabo administración centralizada a través de las fronteras, porque así es como son la subcontratación en el extranjero y las transferencias intrafirma _centralizadas administrativamente. No son comercio en ningún sentido significativo. Y una vez más minan el crecimiento y el desarrollo.
De hecho, si se observa en general, lo que está siendo instituido es un régimen que previene el tipo de desarrollo que ha tenido lugar en los países que hoy en día sonricos, los países industrializados: no es el mejor tipo de desarrollo que podemos imaginar, con seguridad, pero es al menos desarrollo de algún tipo. Si uno revisa —desde Inglaterra a Estados Unidos, a Alemania, Francia, Japón, Corea—, cada uno de estos países se desarrolló violando radicalmente los principios que se están instituyendo en la Organización Mundial del Comercio. Estos principios son métodos de socavamiento del crecimiento y el desarrollo, y de aseguramiento de la concentración del poder. El asunto del desarrollo sostenible ni siquiera aparece. Eso es completamente otra cuestión. El desarrollo sostenible significa, por ejemplo, prestar atención a lo que se llama "externalidades", cosas en las que los negocios no se fijan.
Tomemos, por decir, el comercio. Se supone que el comercio aumenta la riqueza. Tal vez lo haga, tal vez no, pero no se sabe lo que hace hasta no tomar en cuenta los costos del comercio, incluyendo costos que no se estiman, como por ejemplo el costo de la contaminación. Cuando algo se mueve de aquí para allá está creando contaminación. Se la llama una "externalidad" y no se la toma en cuenta. Está el agotamiento de recursos, como cuando se agotan los recursos de la producción agrícola. Están los costos militares. Por ejemplo, el precio del petróleo se mantiene dentro de un cierto margen, ni muy alto, ni muy bajo, mediante una porción substancial [de los gastos] del Pentágono dirigida directamente hacia los productores de petróleo del Medio Oriente, no porque a Estados Unidos le guste el entrenamiento en el desierto o algo así, sino porque es ahí donde está el petróleo. Se quiere asegurar que no suba mucho, ni baje mucho, sino que se quede donde lo quieren. No ha habido mucha investigación sobre esto, pero una investigación conducida por un consultante del Departamento de Energía de EEUU estimó que los gastos sólo del Pentágono significan tal vez un 30% de los subsidios para el precio del petróleo, algo dentro de ese rango.
Bien, si uno mira más allá de las fronteras hay numerosos ejemplos como ese. Uno de los costos del comercio es que saca a la gente de su forma de vida. Cuando se exportan productos agrícolas estadounidenses subsidiados a México, esto saca a millones de campesinos de la agricultura. Eso es un costo, de hecho un costo múltiple, porque esos millones no sólo sufren, son arrastrados a las ciudades en donde bajan los salarios, y así sufre otra gente, la cual incluye, incidentalmente, a trabajadores estadounidenses, que ahora competirán contra salarios aún más bajos. Estos son costos. Si se les toma en cuenta, se obtiene una imagen totalmente distinta de las interacciones económicas.
Incidentalmente, se puede decir eso de algo como el Producto Bruto Interno. Si se observan las medidas del Producto Bruto Interno, se verá que son altamente ideológicas. Por ejemplo, una de las maneras de aumentar el Producto Bruto Interno en Estados Unidos es hacer lo que, de hecho, se está haciendo, no reparar las carreteras. Si no se reparan las carreteras y se tienen montones de baches por todas partes, eso significa que cuando los carros pasan, se destrozan. Eso significa que uno tiene que comprarse un carro nuevo. O tiene que ir al mecánico para que lorepare, y así. Todo eso aumenta el Producto Bruto Interno. Se enferma más a la gente contaminando la atmósfera. Eso aumenta el Producto Bruto Interno porque tienen que ir al hospital y pagar doctores y comprar drogas, y así. De hecho, lo que aumenta el Producto Interno Bruto en las sociedades, como están hoy en día organizadas, no es una medida del bienestar social en ningún sentido significativo.
Ha habido esfuerzos para construir otras medidas que sí tomen en cuenta estas cosas, y ellas nos dan historias muy diferentes. Por ejemplo, Estados Unidos es uno de los pocos países industrializados que no publica "indicadores sociales" regularmente: medidas del bienestar social, como el abuso de menores, su mortalidad, y esa clase de cosas. La mayoría de los países lo hace. Todos los años tienen un indicador social. Estados Unidos no lo hace, y así es difícil estimar la salud social del país. Pero ha habido esfuerzos por hacerlo.
Hay un proyecto importante en la Universidad de Fordham, una universidad jesuita en Nueva York. Durante años, han intentado construir un indicador de salud social para Estados Unidos. Publicaron el último volumen hace un par de meses. Son cosas interesantes. De acuerdo a sus análisis de los indicadores del tipo que mencioné, hasta alrededor de 1975, o sea, durante la "era dorada", como se la llama, la salud social crecía, más o menos, con la economía. En cierta forma seguía a la economía. Conforme mejoraba la economía, mejoraba la salud social. A partir de 1975, los indicadores divergen. La economía ha seguido creciendo, aunque más lentamente que antes, pero la salud social ha decaído. Y continúa decayendo. De hecho, concluyen que Estados Unidos está en una recesión, una seria recesión, desde el punto de vista de los indicadores que importan. Es entonces que uno empieza a fijarse en cuestiones como desarrollo sostenible, desarrollo significativo. Pero para eso se requiere una perspectiva completamente diferente en todos estos aspectos de la economía y sus consecuencias, etc., una que definitivamente debería de adoptarse. Y esas son las cuestiones que emergen cuando la gente habla de desarrollo sostenible, pero EEUU ciertamente no tiene tal programa. Debería, pero no lo tiene.
Susan George: Atajar los males en su raíz
Publicado en Le Monde Diplomatique (edición mexicana), enero 1999.
http://www.monde-diplomatique.fr/mx/index.htmlPor una reestructuración del sistema financiero internacional
La crisis financiera que ha hundido al 40% del planeta en la recesión pilló desprevenido al FMI, pero también al Banco Mundial, a la OMC y a la OCDE, organizaciones tan incompetentes para prevenir como para curar. En vez de preconizar tímidas "reformas", los gobernantes hubieran debido ir a la raíz del mal: la total libertad de movimientos de que disfrutó el capital privado transnacional. Fiscalidad sobre todas las transacciones, reglamentación de los flujos y de los cambios, obligaciones de transparencia y abolición de los paraísos fiscales; medidas todas de salud pública sin las cuales resulta vano pretender la reconstrucción del sistema financiero internacional.
Si los arquitectos del sistema financiero internacional hubieran construido un edificio de viviendas o un rascacielos, hubiesen sido conducidos ante los tribunales por negligencia y fraude graves. Paredes enteras de su edificio se derrumban y, como sucede en casos parecidos, la caída de los muros de ladrillo aplasta a inocentes cuyo único error consistió en hallarse debajo.
Después del crash del invierno de 1994-1995, la mitad de la población mexicana se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. En Indonesia, la malnutrición y el hambre regresan al galope. En Rusia, diez años de liberalismo económico han hecho más por ensuciar la reputación del capitalismo que sesenta años de propaganda del "socialismo real"; la esperanza de vida de la gente ha descendido en siete años, hecho sin precedentes en el siglo veinte. En Corea y Tailandia se extiende el fenómeno de los "suicidas FMI": trabajadores despedidos y sin recursos arrastran a la muerte a mujeres y niños, al no poder mantenerlos.
En el campo de las finanzas internacionales, la justicia no sólo no existe sino que se premian los crímenes colectivos: los grandes especuladores o los mafiosos son los primeros en ser atendidos en los planes de "salvamento" del Fondo Monetario Internacional (FMI). Las compañías transnacionales y las élites locales encuentran en las economías siniestradas ocasiones inesperadas de hacerse con negocios interesantes por cuatro duros. Las riquezas de esos diversos "mercados emergentes" se "distribuyen" hacia arriba y al extranjero. Los que trabajaron largos años para crearlas son expoliados. Pero el contagio y la desestabilización podrían alcanzar también a los países ricos que se creen a salvo de estas contingencias.
Las crisis financieras y bursátiles sucesivas, así como la derrota del Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI) en la Organización de Cooperación Económica (OCDE)1 perturban no obstante las certidumbres liberales y permiten imponer por fin una discusión seria sobre las soluciones de recambio.
Se libera un espacio político que conviene ocupar mediante el desarrollo de la capacidad ciudadana para formular y dirigir propuestas. Eso es lo que hace precisamente la Asociación para una Tasa Tobin sobre las transacciones financieras y de ayuda a los ciudadanos (ATTAC)2 y el colectivo (francés e internacional) contra el AMI3.
Alphonse Allais recomendaba a los que corrían en pos del dinero "Id a buscarlo donde está, es decir entre los pobres". Es el precepto que han seguido desde hace veinte años los operadores de la mundialización al proceder a una transformaciónmasiva de las riquezas de abajo arriba y del trabajo al capital, lo que ha hecho elevarse las desigualdades4. Hay que volver a capturar esos flujos y coger el dinero de donde está realmente, o sea entre los ricos, para repartirlo de otra manera. Howard M. Wachtel propuso el pasado mes de octubre en esta revista tres formas de gravar al capital transnacional: tasa Tobin, tasa sobre las inversiones directas en el extranjero y tasa unitaria sobre los beneficios mundiales consolidados, gravados a prorrateo sobre la cifra de facturación realizada en cada país.
Cabría imaginar también una tasa universal sobre todas las transacciones financieras internacionales, y no sólo sobre las monedas, las únicas contempladas por la tasa Tobin. El coste actual de las compras y ventas de acciones, obligaciones, de opciones y productos financieros derivados es ridículo, sobre todo en Estados Unidos, y los corredores tienen interés en multiplicarlas, ya que cobran de paso una comisión por cada una de esas operaciones. Keynes llegó a proponer que la compra de un título financiero fuese "permanente e indisoluble, como el matrimonio", recomendación claramente superada hoy tanto para los títulos como para el matrimonio, pero que iba bien orientada. Una tasa significativa sobre las transacciones, sobre todo a corto plazo, sería un buen negocio para los Estados y contribuiría igualmente a reducir el volumen y la rapidez de operaciones que no crean ninguna riqueza real5.
Caprichos de los inversores institucionales
Las empresas transnacionales (ETN) se han convertido en maestras del arte de la evasión fiscal. En Washington, la Oficina de contabilidad del gobierno federal (GAO) calcula que las tres cuartas partes de las empresas extranjeras implantadas en Estados Unidos no pagan impuestos. Por lo que se refiere a las ETN norteamericanas, el Departamento del Tesoro sitúa en una horquilla de 12 a 50.000 millones de dólares las pérdidas de ingresos debidas a los precios de transferencia, artificio contable que permite declarar los beneficios en los países donde los impuestos son bajos y las pérdidas donde son elevados6. Los gobiernos deberían gravar a las ETN y a los inversores institucionales. Para ello, no debieran estar al servicio de intereses para los que cualquier impuesto es malo, excepto el que pagan los consumidores o los ahorradores, y para quienes el Estado-providencia es un derrochador, salvo cuando reflota a las grandes empresas que han obtenido resultados desastrosos: Crédit Lyonnais, Chrysler, etc. (o les regala escandalosamente billones para que no "sufran" con la competencia, como a las eléctricas en España. N. del E.).
Los fondos de pensiones, con las compañías de seguros y los demás inversores institucionales (agencias de corretaje, etc.) controlan la suma de 21 billones de dólares, es decir, más del producto nacional bruto (PNB) de todos los países industrializados reunidos, o alrededor de 450.000 pesetas para cada uno de los seis mil millones de habitantes del planeta7. Por sí solos, los norteamericanos controlan la mitad de esta cantidad. La reorientación de solamente el 1% de sus carterasrepresenta más de la cuarta parte de la capitalización de todas las Bolsas de todos los países "emergentes" de Asia, y los dos tercios de la capitalización de todas las Bolsas de América Latina.
Los países industrializados —al dejar que tales volúmenes de fondos privados vaguen de un lado para otro, a la medida del humor de los agentes y especuladores— preparan desestabilizaciones financieras en cadena. Únicamente una institución reguladora internacional —que podría ser el Banco de Regulaciones Internacionales (BRI), si estuviese dotado de verdaderos poderes— estaría en condiciones de disciplinar a esos inversores institucionales.
El gurú financiero Henry Kauffman predica desde hace mucho tiempo la prudencia en el desierto de Wall Street8. Propone la creación de un consejo de vigilancia que pueda imponer a los inversores institucionales un código de conducta, exigirles normas uniformes de transparencia, vigilar sus actividades y limitar el grado de asunción de riesgos. No hay aquí nada de revolucionario, ya que ese consejo no controlaría los flujos de capitales propiamente dichos. Los gobiernos deben decidir si quieren jugar a la ruleta rusa o no, exponiéndose a los caprichos de esos inversores institucionales; si desean que sus compañías "nacionales", cotizadas en Bolsa, queden sometidas en realidad a la dependencia de instituciones financieras privadas, sobre todo norteamericanas.
Es el momento también de volver sobre la noción de cambios, que hoy día se ha vuelto un asunto cuasi-tabú. Sin embargo, esta política le permitió a Japón, a Corea —y a Estados Unidos— desarrollarse. Los exportadores, pagados en divisas, son obligados a vender éstas al Banco central a un tipo determinado. De la misma manera, las divisas se venden a un mismo tipo para pagar las facturas internacionales, esencialmente las importaciones y el servicio de la deuda. Probablemente, Malasia volverá a poner a la orden del día esos controles, y el respetado economista norteamericano Paul Krugman preconiza esta solución, que considera "radical", para Asia, al menos con carácter temporal9. Con menos radicalidad, cabe —como en Chile— dejar entrar libremente a los capitales, pero exigir que éstos permanezcan durante un período determinado, o gravarlos fuertemente a la salida.
Si bien los gobiernos no animan de forma explícita la circulación del "dinero negro", producto del tráfico de divisas, en cambio se han cuidado hasta ahora de adoptar las medidas que permitan luchar contra la inversión de fondos de origen criminal en las empresas legítimas situadas en sus territorios. Los medios de lucha existen, y los Estados tienen el deber de utilizarlos, empezando por la inmediata puesta en práctica de las recomendaciones de los magistrados europeos autores del Llamamiento de Ginebra: "Abolir los proteccionismos superados en materia policial y judicial instaurar un verdadero espacio judicial europeo en cuyo seno los magistrados podrán (...) investigar e intercambiar las informaciones útiles para las investigaciones en marcha" y "establecer las convenciones que garanticen el levantamiento del secreto cuando lo exija la cooperación internacional"10.
Se piensa en otros frenos a la circulación del dinero procedente de la droga, de la prostitución, del terrorismo, de las sectas y de la corrupción; uno de los primeros sería un ataque en toda regla contra los paraísos fiscales. Si los bancos centrales del G-7 decretasen que los bancos comerciales de sus países ya no están autorizados para aceptar transferencias de origen offshore (Bermudas, Islas Caimán, Islas Vírgenes, etc.), harían mucho más difícil el reciclaje y el blanqueo. Quedarían los casos, que incumben directamente a los europeos, de Luxemburgo, Suiza, Liechtenstein, Gibraltar, San Marino, Jersey, etc. Simultáneamente, habría que suprimir las zonas francas dentro de los países que, de hecho, ya no son más que microparaísos fiscales, y observar escrupulosamente los Basle Core Principles for Effective Banking Supervision (Principios de Basilea para la vigilancia eficaz de los bancos) establecidos por el BRI. Los bancos que no se sometieran a estos principios verían retirado su permiso de establecimiento.
El 20% de los nuevos ricos de la humanidad acapara el 86% de las riquezas, mientras que el 20% de los más pobres sólo recibe el 1,3%; esto es sabido, y repetido hasta la saciedad, y cada año el foso se ahonda más, al tiempo que se restringe la ayuda pública al desarrollo. La deuda es el factor primordial en el agravamiento del futuro del Sur, sobre todo el de los países menos avanzados (PMA) a punto casi de desaparecer de la faz del planeta a causa de una deuda que no pueden reembolsar y que no reembolsarán nunca. Los PMA dedican por término medio más del 20% de sus ingresos de exportación al servicio de la deuda. Si ese coeficiente se redujera al 1 o al 2% —como ocurrió con Alemania después de la guerra—, esos países podrían invertir los ahorros conseguidos en la sanidad, la educación, el medio ambiente, generando un "círculo virtuoso"; cuanto más privilegie un país su capital humano y el desarrollo duradero, más aligerará su deuda, hasta hacerla desaparecer del todo.
Este informe ha sido asumido para la Campaña Jubileo 2000 en diversos países del G-7, con una fuerte participación de las Iglesias respectivas. Seguro es que ninguna fórmula FMI-Banco Mundial llevará adelante el asunto: la última de una larga serie de medidas, denominada Iniciativa HIPC, exige seis años suplementarios de ajuste estructural antes de que la petición de suavizar la deuda pueda ser tomada en consideración11. ¡No es serio! O se renuncia para siempre a la participación de cuarenta países por lo menos en la economía, condenando a sus habitantes a una muerte lenta, o resolvemos por fin su problema.
La "desregulación" es una palabra-trampa, puesta de moda para enmascarar el intento de imponer un orden mundial regulado por y para las transnacionales, con la complicidad activa del FMI, del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estas instituciones han sido refractarias hasta ahora a la democracia, y su incompetencia para proporcionar soluciones a las crisis recientes no es menor que su incapacidad para prevenirlas.
El FMI se ha especializado en la socialización de las pérdidas, a cargo de loscontribuyentes del Norte, y en la privatización de los beneficios, distribuidos a los especuladores que quedan libres para retirarlos de los países en crisis y de constituirse así fortunas colosales. De todas maneras, en el caso probable de nuevas crisis, y después del crédito de 42.000 millones de dólares concedido a Brasil, el Fondo Monetario difícilmente podrá movilizar más de 25 a 30.000 millones de dólares. Habrá que reemplazarlo por una institución capaz, en una lógica keynesiana, de inyectar liquidez en el sistema para evitar la contracción económica brutal, el famoso credit crunch (contracción del crédito) y las quiebras en cadena provocadas por sus políticas actuales.
El Banco Mundial, cuyos profesionales son competentes en general, podría desempeñar un papel útil mediante la vigilancia de las remesas de deudas y ayudando a sus países clientes a reforzar sus sistemas de educación, de sanidad y de protección al medio ambiente. Debiera especializarse en los campos de los seguros para PME/PMI creadores de empleo, del capital-riesgo y de las instituciones de microcrédito. Añadamos que si los presupuestos de esas instituciones y las muy sustanciosas remuneraciones de sus personales respectivos dependiesen de impuestos deducidos del capital transnacional, les veríamos actuar rápidamente en este sentido...
Los dirigentes de Naciones Unidas, de sus agencias especializadas y de las instituciones internacionales (FMI, Banco Mundial, OMC, etc.) se prestan cada vez con mayor facilidad a los objetivos del capital transnacional privado. Esta nueva Santa Alianza se forja a través de múltiples reuniones con las que se autoconfieren legitimidad y que, en realidad, no son más que maniobras de lobbies y de propaganda; Fórum económico mundial de Davos, Transatlantic-Business Dialogue o TABD12, Geneva Business Dialogue, que ha recibido la bendición oficial del secretario general de la ONU, a quien gentes malévolas llaman ahora NesKofi Annan13...
La deslegitimación política de esas operaciones y de las empresas transnacionales es una medida de higiene pública. Nadie ha elegido a los ejecutivos, a los promotores del Geneva Business Dialogue, a los economistas del FMI, a los árbitros de la OMC, a los gestores de los fondos de inversión y a todos sus semejantes. ¿Durante cuánto tiempo todavía harán la ley los nuevos usurpadores?
Nota
Susan George es directora adjunta del Trasnational Institute (Amsterdam), presidenta del Observatorio de la Mundialización y Vice Presidenta de ATTAC (Francia). La autora se expresa a título personal.
1 Léase Christian de Brie, "Cómo se hizo añicos el AMI", Le Monde diplomatique, edición española, diciembre de 1998.
2 ATTAC, véanse diversos artículos en Le Monde diplomatique, edición española.
3 Documento provisional para discusión: El acuerdo de los ciudadanos y de los pueblos sobre la inversión y las riquezas (ACPIR) disponible en Europa@ magic. fr
4 Sobre las desigualdades Norte-Sur, léase Informe mundial sobre el desarrollo humano, (PNUD) anual; sobre el aumento de las desigualdades en el seno de los países, léase CNUCED, Informe sobre el comercio y el desarrollo, Ginebra, 1997.
5 Esta idea aparece desarrollada en Doug Henwood, Wall Street, Verso, Londres y Nueva York, 1998.
6 Janice Shields, Institute for Business Research and Tax Watch, "Taxing Overseas Investment", Foreign Policy en Focus, vol. 3, nº 3, Washington DC, enero de 1998.
7 Banco de Regulaciones Internacionales, 68º Informe anual, Basilea, 8 de junio de 1998.
8 Henry Kaufman, "Reform now to prevent the next global financial crisis", International Herald Tribune, 29 de enero de 1998.
9 Paul Krugman, "Saving Asia: It's time to get radical", Fortune, 7 de septiembre de 1998.
10 Este llamamiento fue firmado por más de mil magistrados en Europa aquel día.
11 Highly Indebted Poor Countries (Países Pobres Fuertemente Endeudados)
12 El TABD celebró su cuarto congreso en Charlotte, Carolina del Norte, a principios de noviembre de 1998. La lista de invitados, verdadero Quién es quien de altos ejecutivos y empresarios de ambas orillas del Atlántico, incluyó también a Renato Ruggiero, director general del OMC, y al vicepresidente norteamericano, Al Gore.
13 Este diálogo lo organizó Helmut Maucher, el Presidente Director General de la empresa Nestlé.
Anticapitalismo: teoría y práctica
La denuncia del sistema
Son denuncias así las que animan a los miles de anticapitalistas en sus movilizaciones.
En esta breve muestra tenemos a Ramonet, un respetado periodista de una influyente revista, a Galeano, un escritor famoso, a Marcos, el conocidísimo dirigente de los zapatistas, y a Chomsky, el más influyente lingüista vivo.
Estos, y varios pensadores más, utilizan sus conocimientos, y sus habilidades como escritores, para dejar al desnudo la hipocresía extraordinaria de los defensores del "libre mercado".
Hacen una denuncia del sistema, basada no sólo en la ética, sino en cifras precisas y datos concretos. Han logrado traer a la luz pública, por ejemplo, la comparación obscena entre la riqueza de unos centenares de multimillonarios, por un lado, y la pobreza de miles de millones de personas, por el otro.
Es sorprendente la interrelación entre ellos; Marcos cita a Ramonet (por increíble que sea, parece que Le Monde Diplomatique le llega a la selva Lacandona), Galeano le escribe cartas a Marcos. Los unos aprovechan y aplican los datos descubiertos por los otros.
Su compromiso con las luchas contra el sistema, y sus denuncias de la injusticia, ofrecen un servicio de valor incalculable a los movimientos anticapitalistas.
Sin embargo, hay un desfase entre las críticas durísimas que se hacen al sistema, demostrando cuan lejos está de representar a los intereses de la mayoría de la humanidad, y las propuestas de cambio que algunos de estos mismos pensadores hacen.
Muchas veces, las mismas movilizaciones que ellos animan tienen una lógica que va mucho más allá que las soluciones que proponen.
La reforma soñada
Susan George es una luchadora incansable contra las injusticias del mundo, y lleva desde los años 60 denunciando el peso de la deuda externa sobre los países pobres. Sabe más que nadie qué han hecho el FMI y el Banco Mundial. Escribe: "En el campo de las finanzas internacionales, la justicia no sólo no existe sino que se premian los crímenescolectivos: los grandes especuladores o los mafiosos son los primeros en ser atendidos en los planes de «salvamento» del Fondo Monetario Internacional (FMI)."
Cuanto más sorprendente, entonces, es su afirmación: "El Banco Mundial, cuyos profesionales son competentes en general, podría desempeñar un papel útil mediante la vigilancia de las remesas de deudas y ayudando a sus países clientes a reforzar sus sistemas de educación, de sanidad y de protección al medio ambiente." (Le Monde Diplomatique, edición mexicana, enero 1999.)
Esta actitud no es la excepción. Isabelle Grunberg, en su artículo "¿Qué hacer con el FMI?", escribe: "conviene modificar sus estructuras de decisión para darle una base más amplia... Los programas de ajuste estructural (y otros) deberían evaluarse en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas o en su Consejo Económico y Social, si no ex ante [antes], sí al menos cuando se manifiestan sus repercusiones.".
Puede parecer mentira, después de unas explicaciones tan explícitas sobre cómo funciona el mundo —y del papel predominante de los Estados Unidos por un lado, y de las grandes empresas por otro— suponer que cambios institucionales en el FMI podrían cambiar la situación (hay un análisis crítico de esta idea de S. Oliete y D. Karvala, "FMI y BM: Matones del imperialismo", en En lucha julio/agosto del 2000.)
Las movilizaciones de Praga discreparon de la idea de reformas específicas, de una forma mucho más contundente. La lógica de las y los manifestantes, lejos de buscar cambios limitados institucionales en el FMI y el Banco Mundial, iba en la dirección de acabar con ellos totalmente, y en esto tenían razón.
Los miles de activistas anticapitalistas, inspirados por los análisis de los pensadores anticapitalistas, buscamos soluciones más radicales que las propuestas por muchos de estos mismos intelectuales.
La revolución ausente
La dinámica real de las movilizaciones masivas es la de insurrección popular, la de derribar a todo el sistema.
Si alguien lo duda, sólo hace falta mirar las luchas en Serbia, donde las manifestaciones masivas lograron echar al dictador Milosevic, abriendo así una época de revolución, cuyo final todavía no está escrito.
Sorprende, entonces, que la idea de revolución esté casi ausente en los más conocidos pensadores anticapitalistas. Esto no es sólo el caso de los que se podrían describir como "académicos", sino que incluso unos luchadores tan intachables como el Subcomandante Marcos y el EZLN se desmarcan de la lucha por el poder.
Según su Cuarta Declaración de la Selva Lacandona "queremos no el poder sino la democracia, la libertad y la justicia para nosotros y nuestros hijos". Más claramente aún, Marcos explica: "Las organizaciones políticas, sean partidos de derecha, centro, izquierda o populares y revolucionarios, buscan el poder (...) Nosotros no (...) Nosotros queremos participar directamente en las decisiones que nos atañen, controlar a nuestros gobernantes, sin importar su filiación política, y obligarlos a «mandar obedeciendo». Nosotros no luchamos por tomar el poder; luchamos por democracia, libertad y justicia (...) proponemos (...) la construcción de una práctica política que no busque la toma de poder sino la organización de la sociedad." (Comunicado de 30 de agosto de 1996.)
Está bien que ni el EZLN ni Marcos quieran el poder para ellos mismos, pero parece que están en contra de la idea de una toma de poder por parte de los trabajadores y los campesinos. ¿Por qué?
La clave de esto nos la da Fernando Mires, un académico latinoamericano, en un escrito publicado por la web ALAI:
"La idea del socialismo fue destruida por los propios socialistas (...) No deja de ser paradoja que los principales enemigos del llamado proyecto neoliberal aparezcan hoy defendiendo, muchas veces sin saberlo, supuestos de la propia democracia liberal. ... Sería bueno, al fin, que los revolucionarios de ayer lo sepan: aquello que hoy defienden es un proyecto de restauración liberal." (Liberalismo contra liberalismo, ALAI 8/8/2000)
Para Marcos, y para muchos otros de estos pensadores, el lenguaje de revolución, socialismo, y clase trabajadora está envenenado por la experiencia de la URSS. Marcos mismo escribe que los efectos de la Guerra Fría "acabaron por fundir al campo socialista como sistema mundial, y lo diluyeron como alternativa social." (7 piezas sueltas del rompecabezas mundial).
La experiencia de Serbia, otra vez, nos demuestra que la revolución no tiene nada que ver con la pesadilla del estalinismo, sino que representa totalmente lo contrario; la posibilidad de una liberación real.
Más que mosquitos
Muchos activistas que se resisten a hablar de revolución, también intentan evitar la alternativa propuesta por Mires, la de admitir que el objetivo es simplemente una democracia liberal. En vez de esto, mantienen una actitud de permanente oposición, la de ser los que molestan o pican a los que tienen el poder.
Se utiliza el ejemplo del mosquito: "Si piensas que eres demasiadopequeño para hacer una diferencia, intenta dormir con un mosquito."
Esta idea anima a mucha gente, mostrando que sí pueden hacer algo, ayudándoles a superar la sensación de impotencia.
El problema es que se subestima nuestro poder y se subestiman los objetivos. Después de todo, el mosquito no se plantea reemplazar al amo durmiente, sino sólo molestarle, y si se pasa con las picadas, el amo saca el esprai y ahí se acaba.
Tenemos que verlo de otra manera. Si el amo puede dormir, es porque tiene una cama construida por nosotros. Si puede desayunar cuando se levanta, es porque la comida se la ponemos nosotros. No somos unos insectos observando como lleva su vida, sino que somos nosotros los que le permitimos vivir. Y aquí está la clave.
Si para molestar, basta con unos pocos, ligeramente conectados, para ejercer nuestro poder, para echar al amo de la casa que le hemos construido nosotros, tenemos que coordinarnos mucho más fuertemente. Como en los dibujos animados, los insectos pueden formar un puño, y dar un fuerte golpe. Pero esto necesita de organización —para poder formar el puño— y debate y democracia —para llegar a un acuerdo en cuanto a cómo, cuándo, y dónde le damos—.
Hace un siglo, Rosa Luxemburgo dijo que las opciones ante la humanidad son socialismo o barbarie. Las críticas que se hacen, con tanta contundencia, nos demuestran que la barbarie no está lejos. Cuanto más urgente, entonces, se vuelve la otra opción.
No podemos conformarnos con ser la oposición permanente, aceptando que el capitán del Titanic mantendrá el poder —con o sin nuestra vigilancia— mientras el barco nos lleva hacia el desastre.
La realidad del mundo es que, o acabamos con el capitalismo, o el capitalismo acabará con nosotros.
En esta tarea, las denuncias de los pensadores anticapitalistas son de una enorme utilidad. Pero, si queremos acabar con los males que ellos denuncian, y contra los cuales luchamos, el movimiento anticapitalista tendrá que decir claramente que lo que necesitamos, lo que buscamos, no es retocar, más o menos ligeramente, al sistema, sino acabar con él.
Y para conseguir una sociedad nueva, realmente democrática y humana, llámese o no socialista, tendremos que aclarar más nuestras ideas y nuestra organización, para que sean coherentes respecto a este objetivo. Es un proceso que ha empezado, pero en el que todavía queda bastante por hacer.
Los primeros intelectuales anticapitalistas
Quizá sorprenda, pero casi todos los temas planteados por el nuevo movimiento anticapitalista fueron ya tratados por Marx y Engels, así como por varios pensadores marxistas posteriores.
Esto no es decir, ni mucho menos, que el movimiento no sea importante. Más bien, demuestra que la crítica hacia al sistema no es nueva. La clave hoy es la cantidad de gente que está dispuesta a movilizarse contra los blancos de la globalización, la destrucción medioambiental, etc. que, hace tantos años, ya fueron marcados. La importancia de estos escritos radica en que forman parte de una coherente propuesta de crítica hacia el capitalismo, a la vez que propone alternativas, de las cuales podemos, y debemos, aprender hoy en día.
Ésta es sólo una selección pequeña de escritos. Se han apuntado las fuentes para facilitar la búsqueda de las diferentes obras citadas.
Marx: El consumismo y las necesidades humanas
Este texto es algo denso, por tener un estilo muy filosófico. Proviene de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, los escritos en los que Marx empezó a hablar de la alienación del trabajo, un tema que mantuvo un lugar central en toda su obra. En este contexto de la alienación, de la sustitución de lo humano por lo económico, Marx llega a expresar, en sus términos filosóficos de aquella época, una crítica hacia lo que ahora se llama el consumismo; el incumplimiento de las necesidades humanas de la mayoría, junto a la estimulación de necesidades inventadas entre unos pocos.
Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos. III, 1844, Ed. Alianza, 1968, pp156-158.
"Hemos visto qué significación tiene, en el supuesto del socialismo, la riqueza de las necesidades humanas, y por ello también un nuevo modo de producción y un nuevo objeto de la misma. [Es una] nueva afirmación de la fuerza esencial humana y nuevo enriquecimiento de la esencia humana. Dentro de la propiedad privada [se da] el significado inverso. Cada individuo especula sobre el modo de crear en elotro una nueva necesidad para obligarlo a un nuevo sacrificio, para sumirlo en una nueva dependencia, para desviarlo hacia una nueva forma del placer y con ello de la ruina económica. Cada cual trata de crear una fuerza esencial extraña sobre el otro, para encontrar así satisfacción a su propia necesidad egoísta. Con la masa de objetos crece, pues, el reino de los seres ajenos a los que el hombre está sometido y cada nuevo producto es una nueva potencia del recíproco engaño y la recíproca explotación. El hombre, en cuanto hombre, se hace más pobre, necesita más del dinero para adueñarse del ser enemigo, y el poder de su dinero disminuye en relación inversa a la masa de la producción, es decir; su menesterosidad [necesidad] crece cuando el poder del dinero aumenta. La necesidad de dinero es así la verdadera necesidad producida por la Economía Política y la única necesidad que ella produce. La cantidad de dinero es cada vez más su única propiedad importante. Así como él reduce todo ser a su abstracción, así se reduce él en su propio movimiento a ser cuantitativo. La desmesura y el exceso es su verdadera medida.
Incluso subjetivamente esto se muestra, en parte, en el hecho de que el aumento de la producción y de las necesidades se convierte en el esclavo ingenioso y siempre calculador de caprichos inhumanos, refinados, antinaturales, e imaginarios. La propiedad privada no sabe hacer de la necesidad bruta necesidad humana; su idealismo es la fantasía, la arbitrariedad, el antojo. Ningún eunuco adula más bajamente a su déspota o trata con más infames medios de estimular su agotada capacidad de placer para granjearse más monedas, para hacer salir las aves de oro del bolsillo de sus prójimos cristianamente amados. (Cada producto es un reclamo con el que se quiere ganar el ser de los otros, su dinero; toda necesidad, real o posible, es una debilidad que arrastrará las moscas a la miel, la explotación general de la esencia comunitaria del hombre. Así como toda imperfección del hombre es un vinculo con los cielos, un flanco por el que su corazón es accesible al sacerdote, todo apuro es una ocasión para aparecer del modo más amable ante el prójimo y decirle: querido amigo, te doy lo que necesitas, pero ya conoces la conditio sine qua non, ya sabes con qué tinta te me tienes que obligar; te despojo al tiempo que te proporciono un placer.) El productor se aviene a los más abyectos caprichos del hombre, hace de celestina entre él y su necesidad, le despierta apetitos morbosos y acecha toda debilidad para exigirle después la propina por estos buenos oficios.
Esta enajenación se muestra parcialmente al producir el refinamiento de las necesidades y de sus medios de una parte, mientras produce bestial salvajismo, plena, brutal y abstracta simplicidad de las necesidades de la otra; o mejor, simplemente se hace renacer en un sentido opuesto. Incluso la necesidad del aire libre deja de ser en el obrero una necesidad; el hombre retorna a la caverna, envenenada ahora por la mefítica pestilencia de la civilización y que habita sólo en precario, como un poder ajeno que puede escapársele cualquier día, del que puede ser arrojado cualquier día si no paga (XV). Tiene que pagar por esta casa mortuoria. La luminosa morada que Prometeo señala, según Esquilo, como uno de los grandes regalos con los que convierte a las fieras en hombres, deja de existir para el obrero. La luz, el aire, etcétera, la más simple limpieza animal, deja de ser una necesidad para el hombre. La basura, esta corrupción y podredumbre del hombre, la cloaca de la civilización (esto hay que entenderlo literalmente) se convierte para él en un elemento vital. La dejadez totalmente antinatural, la naturaleza podrida, se convierten en su elemento vital. Ninguno de sus sentidos continúa existiendo, no ya en su forma humana, pero ni siquiera en forma inhumana, ni siquiera en forma animal. Retornan las más burdas formas (e instrumentos) del trabajo humano como la calandria de los esclavos romanos, convertida en modo de producción y de existencia de muchos obreros ingleses. No sólo no tiene el hombre ninguna necesidad humana, es que incluso las necesidades animales desaparecen. El irlandés no conoce ya otra necesidad que la de comer, y para ser exactos; la de comer patatas, y para ser más exactos aún sólo la de comer patatas enmohecidas, las de peor calidad. Pero Inglaterra y Francia tienen en cada ciudad industrial una pequeña Irlanda. El salvaje, el animal, tiene la necesidad de la caza, del movimiento, etc., de la compañía. La simplificación de la máquina, del trabajo, se aprovecha para convertir en obrero al hombre que está aún formándose, al hombre aún no formado, al niño, así como se ha convertido al obrero en un niño totalmente abandonado. La máquina se acomoda a la debilidad del hombre para convertir al hombre débil en máquina."
Marx y Engels: La globalización
Esta obra es famosísima. Si embargo, no deja de sorprender la actualidad de su descripción, y su condena, al sistema. Marx explicó, hace un siglo y medio, la lógica de la globalización capitalista.
Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848
La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó, a su vez, en el auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media...
La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados.
La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero.
La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la más relajada holgazanería. Ha sido ella la primera en demostrar lo que puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto; a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a las migraciones de pueblos y a las Cruzadas.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.
Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar del antiguo aislamiento y la amargura de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y eso se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.
Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallasde China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.
La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Ha creado urbes inmensas; ha aumentado enormemente la población de las ciudades en comparación con la del campo, substrayendo una gran parte de la población al idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.
La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello ha sido la centralización política. Las provincias independientes, ligadas entre sí casi únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo Gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea aduanera.
Marx: La deuda
Una de las campañas de mayor éxito de los últimos años, llevadas a cabo en el Estado español, ha sido la consulta social por la abolición de la deuda externa. Este extracto del Capital, de Marx, nos explica que el problema de la deuda no es nada nuevo.
El Capital, 1867. Ed. Akal, Libro 1 Tomo III, pp 247-251.
El sistema de crédito público, es decir, de la deuda del Estado, cuyos orígenes pueden descubrirse desde la Edad Media en Génova y Venecia, se adueñó de toda Europa durante el período de la manufactura. El sistema colonial, con su comercio marítimo y sus guerras comerciales, le sirvió de invernadero. De este modo se estableció primeramente en Holanda. La deuda pública, esto es, la enajenación del Estado, ya sea despótico, constitucional o republicano, imprime su sello a la era capitalista. La única parte de la llamada riqueza nacional que entra realmente en posesión colectiva de los pueblos modernos es... su deuda pública.1 De ahí que sea perfectamente consecuente la doctrina moderna según la cual un pueblo es tanto más rico más se endeuda. El crédito público se convierte en el credo del capital. Y al surgir la1 William Cobbett observa que en Inglaterra todas las instituciones públicas se denominan «reales», aunque en compensación había la deuda «nacional» (national debt).
deuda pública, el pecado contra el Espíritu Santo, para el que no hay perdón alguno, cede el puesto al perjurio contra la deuda de Estado.
La deuda pública se convierte en una de las palancas más vigorosas de la acumulación originaria. Como con un toque de varita mágica, infunde virtud creadora al dinero improductivo y lo convierte en capital sin necesidad de exponerlo al riesgo ni al esfuerzo inherentes a la inversión industrial e incluso la usuraria. En realidad, los acreedores del Estado no entregan nada, pues la suma prestada se transforma en títulos de deuda pública, fácilmente transferibles, que en sus manos siguen desempeñando el mismo papel del dinero en efectivo. Pero, aún prescindiendo de la clase de rentistas ociosos así creada y de la riqueza improvisada de los financieros que hacen de intermediarios entre el gobierno y la nación, así como de la de los arrendadores de contribuciones, comerciantes, fabricantes privados, a quienes una buena parte de los empréstitos del Estado les sirve como un capital llovido del cielo, la deuda pública ha hecho surgir las sociedades anónimas, el comercio de efectos negociables de todo tipo, en una palabra: el juego de la Bolsa y la bancocracia moderna.
Desde su nacimiento, los grandes bancos, adornados con títulos nacionales, no fueron nunca más que sociedades de especuladores privados que se establecían al lado de los gobiernos y, gracias a los privilegios recibidos, estaban en condiciones de anticiparles dinero. Por eso, la acumulación de la deuda pública no tiene indicador más infalible que el alza sucesiva de las acciones de estos bancos, cuyo pleno desenvolvimiento data de la fundación del Banco de Inglaterra (1694). El Banco de Inglaterra comenzó prestando su dinero al gobierno al 8 por 100; simultáneamente fue autorizado por el parlamento para acuñar dinero del mismo capital, volviendo a prestarlo al público en forma de billetes de banco. Con estos billetes podía descontar letras, hacer préstamos sobre mercancías y comprar metales preciosos. No transcurrió mucho tiempo para que este dinero fiduciario fabricado por él mismo se convirtiese en moneda en la que el Banco de Inglaterra efectuaba empréstitos al Estado y pagaba por cuenta de éste los intereses de la deuda pública. No contento con dar con una mano para recibir con la otra más de lo que daba, siguió siendo, mientras recibía, acreedor perpetuo de la nación hasta el último céntimo entregado. Poco a poco se convirtió en depositario inevitable de los tesoros metálicos del país y en centro de gravedad de todo el crédito comercial. Por los años en que Inglaterra dejaba de quemar brujas se empezó a colgar falsificadores de billetes de banco. Los escritos de la época, como los de Bolingbroke, por ejemplo, demuestran la impresión que producía en los contemporáneos la aparición súbita de esta ralea de bancócratas, financieros, rentistas; corredores, agentes y lobos de Bolsa.
Con las deudas públicas surgió un sistema de crédito internacional, tras el que se oculta a menudo, en tal o cual pueblo, una de las fuentes de acumulación originaria. Así, por ejemplo, las infamias del sistema de rapiña veneciano constituyen una de esas bases ocultas de la riqueza capitalista de Holanda, a quien la Venecia decadente prestaba grandes sumas de dinero. Lo mismo ocurre entre Holanda e Inglaterra. Ya a comienzos del siglo XVIII las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y Holanda había dejado de ser la nación industrial y comercial dominante. Por eso, uno de sus principales negocios entre 1701 y 1776 consiste en prestar capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor, Inglaterra. Lo mismo sucede hoy entre Inglaterra y los Estados Unidos. Algunos de los capitales que aparecen hoy en los Estados Unidos sin certificado de nacimiento son sangre infantil recién capitalizada en Inglaterra.
Como la deuda pública tiene que ser respaldada por los ingresos del Estado, los cuales han de cubrir los intereses y demás pagos anuales, el sistema tributario moderno se convirtió en complemento necesario del sistema de empréstitos nacionales. Los empréstitos permiten al gobierno hacer frente a gastos extraordinarios, sin que el contribuyente lo sienta en seguida, pero exigen un sucesivo aumento de los impuestos. Por otro lado, el aumento de los impuestos motivado por la acumulación de las deudas contraídas sucesivamente obliga al gobierno a contraer nuevos empréstitos cada vez que se presentan nuevos gastos extraordinarios. El sistema fiscal moderno, cuyo eje lo constituyen los impuestos sobre los artículos de primera necesidad (y, por consiguiente, su encarecimiento) lleva en sí mismo, por tanto, el germen de su progresión sistemática. El sobrecargo de los impuestos no es, pues, un incidente, sino más bien un principio. En Holanda, donde por primera vez se inauguró el sistema, el gran patriota De Witt lo ensalza por eso en sus Máximas como el mejor sistema para hacer al obrero asalariado sumiso, frugal, aplicado y... agobiado de trabajo. Sin embargo, la influencia destructora que ejerce sobre la situación de los obreros asalariados nos interesa aquí menos que la expropiación violenta que implica para el campesino, el artesano, en una palabra, todos los componentes de la pequeña clase media. Acerca de esto no hay discrepancia, ni siquiera entre los economistas burgueses. Su eficacia expropiadora viene a reforzarla todavía más el sistema proteccionista, que es una de sus partes integrantes.
La parte tan considerable que toca a la deuda pública y al sistema fiscal correspondiente en la capitalización de la riqueza y en la expropiación de las masas, ha llevado a muchos autores, como Cobbett, Doubleday y otros, sin razón, a buscar aquí la causa principal de la miseria de los pueblos modernos.
El sistema proteccionista fue un medio artificial para fabricar fabricantes, expropiar a trabajadores independientes, capitalizar los medios nacionales de producción y de subsistencia, abreviar la transición del antiguo modo de producción al moderno. Los Estados europeos se disputaron la patente de este invento, y una vez al servido de los fabricantes de plusvalía, esquilmaron a tal fin no sólo a su propio pueblo, indirectamente mediante aranceles proteccionistas, directamente primas de exportación, etc. En los países secundarios, dependientes de otros, se extirpó por la fuerza toda industria, como, por ejemplo, hizo Inglaterra con la manufactura lanera de Irlanda. De acuerdo con el precedente de Colbert, en el continente europeo esteproceso se ha simplificado muchísimo. Aquí, el capital originario del industrial proviene, en parte, directamente del tesoro público. «¿Para qué», exclama Mirabeau, «ir a buscar tan lejos la causa del esplendor manufacturero de Sajonia antes de la guerra de los Siete Años? ¡180 millones de deuda pública!»
Sistema colonial, deuda pública, peso fiscal, proteccionismo, guerras comerciales, etc., estos retoños del período manufacturero propiamente dicho, aumentan de un modo gigantesco durante el período infantil de la gran industria. El nacimiento de esta última se celebra con el gran robo heródico de niños. Como la flota real, las fábricas reclutan su personal por medio de la prensa. Sir F. M. Eden, por ejemplo, al que tanto enorgullecen las atrocidades de la expropiación de la población rural y de su expulsión de sus tierras, cometidas desde el último tercio del siglo XV hasta su época, fines del siglo XVIII, que tanto se complace en ensalzar este proceso, según él «necesario», para «establecer» la agricultura capitalista y «la verdadera proporción entre agricultura y ganadería», no demuestra la misma perspicacia económica en lo que respecta a la necesidad del robo de niños y de la esclavitud infantil para la transformación de la manufactura en industria fabril y para el establecimiento de la verdadera proporción entre capital y fuerza de trabajo.
Engels: La ecología
Friedrich Engels. El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (escrito en 1876)
No nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada una de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son las previstas por nosotros, pero en segundo y en tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de esas tierras. Los italianos de los Alpes, que talaron en las laderas meridionales los bosques de pinos, conservados con tanto celo en las laderas septentrionales, no tenían ni idea de que con ello destruían las raíces de la industria lechera en su región; y mucho menos podían prever que, al proceder así, dejaban la mayor parte del año sin agua sus fuentes de montaña, con lo que les permitían, al llegar el período de las lluvias, vomitar con tanta mayor furia sus torrentes sobre la planicie. Los que difundieron el cultivo de la patata en Europa no sabían que con este tubérculo farináceo difundían a la vez la escrofulosis. Así, a cada paso, loshechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que no es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno, y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente.
En efecto, cada día aprendemos a comprender mejor las leyes de la naturaleza y a conocer tanto los efectos inmediatos como las consecuencias remotas de nuestra intromisión en el curso natural de su desarrollo. Sobre todo después de los grandes progresos logrados en este siglo por las Ciencias Naturales, nos hallamos en condiciones de prever, y, por tanto, de controlar cada vez mejor las remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción, por lo menos de los más corrientes. Y cuanto más sea esto una realidad, más sentirán y comprenderán los hombres su unidad con la naturaleza, y más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, idea que empieza a difundirse por Europa a raíz de la decadencia de la antigüedad clásica y que adquiere su máximo desenvolvimiento en el cristianismo.
Mas, si han sido precisos miles de años para que el hombre aprendiera, en cierto grado, a prever las remotas consecuencias naturales de sus actos dirigidos a la producción, mucho más le costó aprender a calcular las remotas consecuencias sociales de esos mismos actos. Ya hemos hablado más arriba de la patata y de sus consecuencias en cuanto a la difusión de la escrofulosis: Pero, ¿qué importancia puede tener la escrofulosis comparada con los efectos que sobre las condiciones de vida de las masas del pueblo de países enteros ha tenido la reducción de la dieta de los trabajadores a simples patatas, con el hambre que se extendió en 1847 por Irlanda a consecuencia de una enfermedad de este tubérculo, y que llevó a la tumba a un millón de irlandeses que se alimentaban exclusivamente o casi exclusivamente de patatas y obligó a emigrar allende el océano a otros dos millones? Cuando los árabes aprendieron a destilar el alcohol, ni siquiera se les ocurrió pensar que habían creado una de las armas principales con que habría de ser exterminada la población indígena del continente americano, aún desconocido, en aquel entonces. Y cuando Colón descubrió más tarde América, no sabía que a la vez daba nueva vida a la esclavitud, desaparecida desde hacía mucho tiempo en Europa, y sentaba las bases de la trata de negros. Los hombres que en los siglos XVII y XVIII trabajaron para crear la máquina de vapor, no sospechaban que estaban creando un instrumento que habría de subvertir, más que ningún otro, las condiciones sociales en todo el mundo, y que, sobre todo en Europa, al concentrar la riqueza en manos de una minoría y al privar de toda propiedad a la inmensa mayoría de la población, habría de proporcionar primero el dominio social y político a la burguesía y provocar después la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, lucha que sólo puede terminar con el derrocamiento de la burguesía y la abolición de todos los antagonismos de clase. Pero también aquí, aprovechando una experiencia larga, y a veces cruel, confrontando y analizando los materiales proporcionados por la historia, vamos aprendiendo poco a poco a conocer las consecuencias sociales indirectas y más remotas de nuestros actos en la producción, lo que nos permite extender también a estas consecuencias nuestro dominio y nuestro control.
Sin embargo, para llevar a cabo este control se requiere algo más que el simple conocimiento. Hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día y, con él, el orden social vigente.
Todos los modos de producción que han existido hasta el presente sólo buscaban el efecto útil del trabajo en su forma más directa e inmediata. No hacían el menor caso de las consecuencias remotas, que sólo aparecen más tarde y cuyo efecto se manifiesta únicamente gracias a un proceso de repetición y acumulación gradual. La primitiva propiedad comunal de la tierra correspondía, por un lado, a un estado de desarrollo de los hombres en el que el horizonte de éstos quedaba limitado, por lo general, a las cosas más inmediatas, y presuponía, por otro lado, cierto excedente de tierras libres, que ofrecía cierto margen para neutralizar los posibles resultados adversos de ésta economía positiva. Al agotarse el excedente de tierras libres, comenzó la decadencia de la propiedad comunal. Todas las formas más elevadas de producción que vinieron después condujeron a la división de la población en clases diferentes y, por tanto, al antagonismo entre las clases dominantes y las clases oprimidas. En consecuencia, los intereses de las clases dominantes se convirtieron en el elemento propulsor de la producción, en cuanto ésta no se limitaba a mantener bien que mal la mísera existencia de los oprimidos. Donde esto halla su expresión más acabada es en el modo de producción capitalista que prevalece hoy en la Europa Occidental. Los capitalistas individuales, que dominan la producción y el cambio, sólo pueden ocuparse de la utilidad más inmediata de sus actos. Más aún; incluso ésta misma utilidad —por cuanto se trata de la utilidad de la mercancía producida o cambiada— pasa por completo a segundo plano, apareciendo como único incentivo la ganancia obtenida en la venta."
Mariátegui: El internacionalismo
Un aspecto destacable del movimiento anticapitalista, o anti-globalización, es que, contrariamente a lo que dicen muchos de sus detractores, es un movimiento profundamente internacionalista. Este escrito de José Carlos Mariátegui pone de manifiesto que este internacionalismo representa, no meramente deseos solidarios, sino un elemento imprescindible en la lucha contra el sistema.
Mariátegui fue un marxista peruano destacado en la década de 1920. Destacó por su insistencia en aplicar el marxismo a las condiciones específicas de América latina, lo que le llevó a prestar mucha atención ala cuestión indígena.
Cuanto más impresionante es, entonces, su afirmación de que el internacionalismo es una pieza fundamental en la lucha obrera.
José Carlos Mariátegui, "Internacionalismo y socialismo", noviembre 1923. Publicado en El proletariado y su organización, Ed. Grijalbo, 1970
Desde hace muchos lustros, desde hace un siglo aproximadamente, se comprueba en la civilización europea la tendencia a preparar una organización internacional de las naciones de Occidente. Esta tendencia no tiene sólo manifestaciones proletarias; tiene también manifestaciones burguesas. Ahora bien, ninguna de estas manifestaciones ha sido arbitraria ni se ha producido porque sí; ha sido siempre, por el contrario, el reconocimiento instintivo de un estado de cosas nuevo, latente. El régimen burgués el régimen individualista, libertó de toda traba los intereses económicos. El capitalismo, dentro del régimen burgués, no produce para el mercado nacional; produce paro el mercado internacional. Su necesidad de aumentar cada día más la producción lo lanza a la conquista de nuevos mercados Su producto, su mercadería no reconoce fronteras: pugna por traspasar y por avasallar los confines políticos. La competencia, la concurrencia entre los industriales es internacional. Los industriales, además de los mercados, se disputan internacionalmente las materias primas. La industria de un país se abastece del carbón, del petróleo, del mineral de países diversos y lejanos. A consecuencia de este tejido internacional de intereses económicos, los grandes bancos de Europa y de Estados Unidos resultan entidades completamente internacionales y cosmopolitas. Esos bancos invierten capitales en Austria, en la India, en la China, en el Transvaal. La circulación del capital, a través de los bancos, es una circulación internacional. El rentista inglés que deposita su dinero en un banco de Londres ignora tal vez a dónde va a ser invertido su capital, de dónde va a proceder su rédito, su dividendo. Ignora si el banco va a destinar su capital, por ejemplo, a la adquisición de acciones de la Peruvian Corporation, en este caso, el rentista inglés resulta, sin saberlo, copropietario de ferrocarriles en el Perú. La huelga del Ferrocarril Central puede afectarlo, puede disminuir su dividendo. El rentista inglés lo ignora. Igualmente, el carrilano, el maquinista peruanos ignoran la existencia de ese rentista inglés, a cuya cartera irá a parar una parte de su trabajo. Este ejemplo, este caso, nos sirven para explicarnos la vinculación económica, la solidaridad económica de la vida internacional de nuestra época. Y nos sirven para explicarnos el origen del internacionalismo burgués y el origen del internacionalismo obrero que es un origen común y opuesto al mismo tiempo. El propietario de una fábrica de tejidos de Inglaterra tiene interés en pagar a sus obreros menor salario que el propietario de una fábrica de tejidos de Estados Unidos, para que su mercancía pueda ser vendida más barata y más ventajosa y abundantemente. Y esto hace que el obrero textil norteamericano tenga interés en que no baje el salario del obrero textil inglés. Una baja de salarios en la industria textil inglesa es una amenaza para el obrero de Vitarte, para el obrero de Santa Catalina. En virtud de estos hechos, los trabajadores han proclamado su solidaridad y su fraternidad por encima de las fronteras y por encima de las nacionalidades. Los trabajadores han visto que cuando libraban una batalla no era sólo contra la clase capitalista de su país sino contra la clase capitalista del mundo. Cuando los obreros de Europa lucharon por la conquista de la jornada de las ocho horas, luchaban no sólo por el proletariado europeo sino por el proletariado mundial. A vosotros, trabajadores del Perú, os fue fácil conquistar la ley de ocho horas porque la ley de ocho horas estaba ya en marcha en Europa. El capitalismo peruano cedió ante vuestra demanda porque sabía que el capitalismo europeo cedía también. Y, del mismo modo, por supuesto, no son indiferentes a vuestra suerte las batallas que libran en la actualidad los trabajadores de Europa. Cada uno de los obreros que cae en estos momentos en las calles de Berlín o en las barricadas de Hamburgo no cae sólo por la causa del proletariado alemán. Cae también por vuestra causa, compañeros del Perú.
Es por esto, es por esta comprobación de un hecho histórico que desde hace más de medio siglo, desde que Marx y Engels fundaron la Primera Internacional, las clases trabajadoras del mundo tienden a crear asociaciones de solidaridad internacional que vinculen su acción y unifiquen su ideal.
Pero al mismo efecto de la vida económica moderna no es insensible, en el campo opuesto, la política capitalista. El liberalismo burgués, el liberalismo económico que consintió a los intereses capitalistas expandirse, conectarse y asociarse, por encima de los Estados y de las fronteras, tuvo por fuerza que incluir en su programa el libre cambio. El libre cambio, la teoría librecambista corresponde a una necesidad honda y concreta de un período de la producción capitalista. ¿Qué cosa es el librecambio? El librecambio, la libre circulación, es el libre comercio de las mercaderías a través de todas las fronteras y de todos los países. Entre las naciones existen no sólo fronteras políticas, fronteras geográficas. Existen también fronteras económicas. Esas fronteras económicas son las aduanas. Las aduanas que, a la entrada al país, gravan la mercadería con un impuesto. El librecambio pretende abatir esas fronteras económicas, abatir las aduanas, franquear el paso libre de las mercaderías en todos los países. En este período de apogeo de la teoría librecambista la burguesía fue, en suma, eminentemente internacionalista. ¿Cuál era la causa de su librecambismo, cuál era la causa de su internacionalismo? Era la necesidad comercial de la industria de expandirse libremente en el mundo. El capitalismo de algunos países muy desarrollados económicamente encontraba un estorbo para su expansión en las fronteras económicas y pretendía abatirlas. Y este capitalismo librecambista, que no abarca por supuesto todo el campo capitalista sino sólo una parte de él, fue también pacifista. Preconizaba la paz y preconizaba el desarme, porque miraba en la guerra un elemento de perturbación y de desordenamiento de la producción. El librecambismo era una ofensiva del capitalismo británico, el más evolucionado del mundo el más preparado para la concurrencia contra los capitalismos rivales. En realidad, el capitalismo no podía dejar de ser internacionalista, porque el capitalismo es, por naturaleza y por necesidad, imperialista. El capitalismo crea una nueva clase de conflictos históricos y conflictos bélicos. Los conflictos no entre las naciones, no entre las razas, no entre las nacionalidades antagónicas, sino los conflictos entre los bloques, entre los conglomerados de intereses económicos e industriales.
Glosario
Eduardo Galeano, de Ser como ellos y otros artículos
Diccionario del Nuevo Orden Mundial
(Imprescindible en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero)
apartheid. Sistema original de África del Sur, destinado a evitar que los negros invadan su propio país. El Nuevo Orden lo aplica, democráticamente, contra todos los pobres del mundo, sea cual fuera su color.
bandera. Contiene tantas estrellas que ya no queda lugar para las barras. Japón y Alemania estudian diseños alternativos.
comercio, libertad de. Droga estupefaciente prohibida en los países ricos, que los países ricos venden a los países pobres.
consumo, sociedad de. Prodigioso envase lleno de nada. Invención de alto valor científico, que permite suprimir las necesidades reales, mediante la oportuna imposición de necesidades artificiales. Sin embargo, la Sociedad de Consumo genera cierta resistencia en las regiones más atrasadas. (Declaración de don Pampero Conde, nativo de Cardona, Uruguay: "Para qué quiero frío, si no tengo sobretodo".)
costos, cálculo de. Se estima en 40 millones de dólares el costo mínimo de una campaña electoral para presidente de los Estados Unidos. En los países del Sur, el costo de fabricación de un presidente resulta considerablemente más reducido, debido a la ausencia de impuestos y al bajo precio de la mano de obra.
creación. Delito cada vez menos frecuente.
cultura universal. Televisión.
desarrollo. En las sierras de Guatemala: No se necesita matar a todos. Desde 1982, nosotros dimos desarrollo al 70% de la población, mientras matamos al 30% (General Héctor Alejandro Gramajo, ex ministro de Defensa de Guatemala, recientemente graduado en el curso de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard. Publicado en Harvard International Review, edición de primavera de 1991).
deuda externa. Compromiso que cada latinoamericano contrae al nacer, por la módica suma de 2.000 dólares, para financiar el garrote con el que será golpeado.
dinero, libertad del. Dícese del rey Herodes suelto en una fiesta infantil.
gobierno. En el Sur, institución especializada en la difusión de la pobreza, que periódicamente se reúne con sus pares para festejar los resultados de sus actos. La última Conferencia Regional sobre la Pobreza, que congregó en Ecuador a los gobiernos de América Latina, reveló que se ha logrado condenar a la pobreza a un 62,3 por ciento de la población latinoamericana. La Conferencia celebró la eficacia del nuevo Método Integrado de Medición de la Pobreza (MIMP).
guerra. Castigo que se aplica a los países del Sur cuando pretenden elevar los precios de sus productos de exportación. El más reciente escarmiento fue exitosamente practicado contra Irak. Para corregir la cotización del petróleo fue necesario producir 150 mil daños colaterales, vulgarmente llamados víctimas humanas, a principios de 1991.
guerra fría. Ya era. Se necesitan nuevos enemigos. Interesados dirigirse al Pentágono, Washington DC, o a la comisaría de su barrio.
historia. El 12 de octubre de 1992 el Nuevo Orden Mundial cumplió 500 años.
ideologías, muerte de las. Expresión que comprueba la definitiva extinción de las ideas molestas y de las ideas en general.
impunidad. Recompensa que se otorga al terrorismo, cuando es de Estado.
intercambio. Mecanismo que permite a los países pobres pagar cuando compran y cuando venden también. Una computadora cuesta, hoy día, tres veces más café y cuatro veces más cacao que hace cinco años (Banco Mundial, cifras de 1991.)
life, american way of. Modo de vida típico de los Estados Unidos, donde se practica poco.
mercado. Lugar donde se fija el precio de la gente y otras mercancías.
mundo. Lugar peligroso "A pesar de la desaparición de la amenaza soviética, el mundo continua siendo un lugar peligroso." (George Bush, mensaje anual al Congreso, 1991.)
mundo, mapa del. Un mar de dos orillas. Al Norte, pocos con mucho. Al Sur, muchos con poco. El Este que ha logrado dejar de ser Este, quiere ser Norte, pero a la entrada del Paraíso un cartel dice: Completo.
naturaleza. Los arqueólogos han localizado ciertos vestigios.
orden. El mundo gasta seis veces más fondos públicos en investigación militar que en investigación médica. (Organización Mundial de la Salud, datos de 1991.)
poder. Relación del Norte con el Sur. Dícese también de la actividad que en el Sur ejerce la gente del Sur que vive y gasta y piensa como si fuera del Norte.
riqueza. Según los ricos, no produce la felicidad. Según los pobres, produce algo bastante parecido. Pero los estadistas indican que los ricos son ricos porque son pocos, y las fuerzas armadas y la policía se ocupan de aclarar cualquier posible confusión al respecto.
veneno. Sustancia que actualmente predomina en el aire, el agua, la tierra y el alma.
No está completo: faltan las definiciones de: tortugas ninja, pobreza, privatización y televisión.
Más lectura
Escritores anticapitalistas:
Noam Chomsky> Se han editado varios libros suyos en castellano, por ejemplo Lucha de Clases. En Internet se pueden encontrar artículos de Chomsky, traducidos al castellano, en
http://www.zmag.org/Spanish/Eduardo Galeano> Libros: Patas Arriba: La escuela del mundo al revés (1998); Ser como ellos y otros artículos, (1992); ambas obras de Siglo Veintiuno, Madrid. Se encuentran muchos escritos de Galeano en
http://civitatis.com/internet/veaylea/galeanoSusan George> El informe Lugano. Como dice la reseña en En lucha: "Este libro ayudará a comprender cuál es la dinámica del aterrador sistema capitalista... Es un libro indispensable." Ed. Icaria e Intermon Oxfam, 2001.
Subcomandante Marcos y el EZLN>
http://www.ezln.org/ o diferentes libros
José Carlos Mariátegui> Consulta
http://www.marxists.org/espanol/mariateg/Marx y Engels> Hay muchísimas obras editadas. Existe una buena biblioteca de las obras de Marx y Engels en
http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng. La web
http://www.marxists.org/espanol/ tiene una colección enorme, de Marx y Engels y de otros marxistas, así como de diferentes pensadores asociados con la izquierda.
Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique> Revista mensual, con edición española. La edición mexicana tiene una página web, con algunos artículos.
http://www.monde-diplomatique.fr/mx/index.html Libro: Ignacio Ramonet (Ed.) Geopolítica del caos, Temas de debate, 1999.
Algunas webs de escritos anticapitalistas:
ALAI, América Latina en Movimiento>
http://alainet.org/. Tienen un archivo excelente de escritos, sobre todo de América Latina.
Fórum Social Mundial> El FSM reunió a unas 10.000 personas, del 25 al 30 de enero del 2001, en Porto Alegre, Brasil:
http://www.forumsocialmundial.org.br/. Desde ahora será un evento anual.
Rebelión>
http://www.rebelion.org/ZNET>
http://www.zmag.org/Spanish/Indymedia>
http://www.indymedia.org/ La agencia alternativa de noticias anticapitalistas en la web.
Existe una lista extensa de enlaces a campañas contra la deuda, contra la globalización etc., en la web de la Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa:
http://www.rcade.org/index8.htm